domingo, 29 de noviembre de 2009

TEXTOS PARA MEDITAR Y REFLEXIONAR EN EL ADVIENTO (TIEMPO PREVIO A NAVIDAD) DESDE UNA ÓPTICA ADULTA Y LIBERADORA


El portal Servicios Koinonia nos ofrece una serie de recursos pastorales para aquellos que, bien en grupo o individualmente, deseen prepararse de una forma madura y en clave liberadora durante este tiempo de Adviento previo a la Navidad. Colocamos la selección de textos a continuación, para descargar algunos de sus documentos (los que están en negrita) deben ir a este enlace a la página original. En la próxima entrada, por su interés antropológico y religioso, publicaremos el segundo.

Antes de comenzar un nuevo ciclo, un nuevo "Año Litúrgico", puede ser bueno dar, con un vistazo general, un repaso a las fiestas y los tiempos litúrgicos, desde su origen en el Antiguo Testamento: recordar los orígenes de cada fiesta, y el sentido por tanto de los símbolos celebrativos, para no perderlos ni tampoco mitificarlos ni desconocer las transformaciones históricas de las que provienen. Para ello, recomendamos el libro de Thierry MAERTENS, «Fiesta en honor de Yahvé».

«Las narraciones de la Natividad de Jesús», de Marià CORBÍ. El autor presenta en primer lugar, con cierto detalle, una serie de narraciones de nacimientos maravillosos de personajes espirituales, dioses y héroes. Luego pasa a elaborar algunos elementos teóricos acerca de los mitos y narraciones sagradas. El texto se presta muy bien para un estudio en grupo, de un nivel medio o incluso avanzado, recomendado sobre todo para agentes de pastoral, sin pretender una aplicación directa a la pastoral o a la homilética, aunque no dejará de tener consecuencias en esas áreas.

John Shelby Spong y el desarrollo de la tradición del Nacimiento de Jesús, capítulo de su libro «Jesús, nacido de mujer». El autor es teólogo biblista, obispo anglicano, emérito de la diócesis de Newark, EEUU. Tiene su página personal. El libro se presta a ser utilizado durante el adviento como material de estudio, texto base para una reflexión bíblica y teológica sobre el sentido de la Navidad. El libro entero está disponible en la sección bíblica de nuestra Biblioteca.

Los relatos de la infancia de Jesús: ¿teología o historia?, de Leonardo Boff. Se trata del capítulo 9 de su libro Jesucristo el Liberador, que aborda el tema desde el punto de vista tanto bíblico-exegético como teológico, y lo hace derivar en una preocupación pastoral. Una lectura sumamente interesante para tener las ideas claras sobre este tema tan presente en la oración y la predicación en el tiempo de navidad. El texto será igualmente útil para estudiarlo en grupo y debatir para asimilarlo, con la ayuda pedagógica de algún animador.

Navidad en familia para zonas populares, de José Luis Caravias, Paraguay. Folleto bíblico, organizado en once unidades a manera de guiones para celebraciones navideñas o del adviento inmediatamente anterior a la Navidad.

Dos Novenas de Navidad para ambiente rural, procedentes de Posadas, Misiones, Argentina, enviadas por Noni Barrios y su equipo pastoral. Son guiones muy sencillos que han sido elaborados y puestos en práctica como instrumento de evangelización popular.

Paraliturgia para la bendición del Nacimiento, de Leonardo BOFF, tomada de su obra Encarnação: a humanidade e a jovialidade de nosso Deus, 4ªed. Vozes, Petrópolis, 1988, con traducción al castellano de Mª José Gavito Milano

«Relectura bíblica de los "Gozos de la Novena Tradicional de Navidad"», por Lucía Victoria Hernández, de Medellín. Una relectura para traer a superficie la riqueza bíblica de esta pieza de religiosidad popular, tan extendida en algunas partes del Continente latinoamericano. Leer Más (si no se amplia, pincha en el título de la entrada)...

jueves, 26 de noviembre de 2009

EL ARTE DE SER FELIZ


Frei Betto. Adital.
Recibí este escrito de una amiga:

"¿Existe alguna receta capaz de hacer que una persona se apasione por algo, sea lo que sea? No es necesario que sea algo trascendental. Pero sí algo que dé sentido a la vida. No es que la vida esté desprovista de sentido, sino desprovista de sabor.

"Está claro que me estoy refiriendo a mí, y que puedo incluso estar siendo demasiado exigente, o demasiado cruel con mi persona. Pero ésta es una reflexión de hoy, de ahora. Me doy cuenta de que no tengo ninguna pasión. Eso es al menos lo que me dice mi mente y lo que percibo. Y eso me hace sentir como carente de algo.

"Hay gente a quien le gustan las carreras de coches, de caballos, de barcos. Gente a la que le gusta hacer punto, escalar montañas, meditar durante hooooras seguidas; a quien le gusta leer, ser médico, periodista, político incluso. Qué vida… cómo lo admiro. La vida frenética de las ciudades bulle en algunas personas, y la vida tranquila del campo en otras. Tengo alegrías y una normalidad ética permeada por un buen sentido refinado. Pero siento (hasta irracionalmente), de una forma muy fuerte, la inestabilidad.

"Un día tú dijiste que te gustaría ser semilla. Reflexioné sobre ello… pero no pasó nada. El ritual inevitable de la convivencia y todo lo que rodea las relaciones interpersonales, sumado a un buen augurio astral, ya cuidan de ello. Quería apasionarme. Tener un hobby. Uno cualquiera.

"Son muchas las alegrías. Tengo la sonrisa fácil… Pero la felicidad es cosa rara, de frágiles y preciosos momentos. Tengo una querencia morbosa con la música de Zeca Pagodinho que dice: "…deja que la vida me lleve… vida, llévame…" Quiero sentir un sentido. La vida, el planeta, la diversidad religiosa, etc. son asombrosos de tan infinitos. Pero permanezco insensible. Sin querer explotar su tiempo y sus insights… digo: quisiera saber qué dices sobre esto".

Quedé pensativo. Hay personas que me creen portador de respuestas para cualquier problema de la vida. No saben los que yo acumulo en mi propia trayectoria. Sin embargo sé lo que es la felicidad. Difiere de la alegría. La felicidad es un estado de espíritu, es estar bien consigo mismo, con la naturaleza, con Dios. No siempre con los demás. Las relaciones humanas son amorosamente conflictivas. Envidias, congojas, riñas, malos entendidos, son piedras en el zapato.

La alegría es algo que se experimenta ocasionalmente. Una persona puede ser feliz sin parecer alegre. Y conozco a muchos que derrochan alegría sin convencerme de que son felices.

Después de meditar sobre la consulta de mi amiga respondí: "Querida X: diría que lo primer es salir del refugio… Juntarse con quien ya encontró algún sentido en la vida: un equipo en el juego de ajedrez, la pandilla del cine en casa, el grupo político, la ONG de la solidaridad, etc. Es necesario juntarse, sentir el estímulo que procede de la comunidad, de los demás, ese entusiasmo que, si hoy falta en mí, proviene del compañero de al lado…

"Puedes encontrar la pasión de vivir en mil actividades: leer historias en un asilo, ayudar voluntariamente en un hospital pediátrico, coser para un hogar cuna o participar en un partido político, en un grupo de apoyo a movimientos sociales, alfabetizar a empleadas domésticas y a porteros de apartamentos o dedicarte a investigar la historia del candomblé o el por qué tantos jóvenes buscan en la droga la utopía química que no encuentran en la vida.

"Pero, sobre todo, sugiero sumergirse en una experiencia espiritual. Sumergirse. Es lo que ahora, en esta mañana luminosa de Cruz das Almas (BA), me viene a la cabeza y al corazón".

El sabio profesor Milton Santos, que no tenía creencia religiosa, decía que la felicidad se encuentra en los bienes infinitos. Mientras que la cultura capitalista que respiramos centra la felicidad en la posesión de bienes finitos. Ahora bien, el sicoanálisis sabe que nuestro deseo es infinito, insaciable. Y la teología identifica a Dios como su objetivo.

En mi opinión no hay nadie más feliz que los místicos. Son personas que consiguen orientar el deseo hacia dentro de sí, al contrario de la pulsión consumista, que trata de buscar la satisfacción del deseo en algo que está fuera de nosotros. Al no abrazar la vía del Absoluto, el peligro está en encarrilarse por la del absurdo.

Como el Mercado, que todo lo ofrece en envolturas seductoras, todavía no ha sido capaz de ofrecer lo que todos más buscamos -la felicidad-, entonces trata de meternos la idea de que la felicidad es el resultado de la suma de los placeres. Poseer tal auto, aquella casa, realizar aquel viaje, vestir tal ropa… nos hará tan felices como la imagen de los actores y actrices que aparecen en los carteles publicitarios.

Tengo la certeza de que nada vuelve a una persona más feliz que el empeñarse a favor de la felicidad ajena; y esto vale tanto en la relación íntima como en el compromiso social de luchar por "otro mundo posible", sin desigualdades insultantes y en el que todos puedan vivir con dignidad y paz.

El derecho a la felicidad debiera constar en la Declaración Universal de los Derechos Humanos. Y los países no debieran ansiar en adelante el crecimiento del PIB sino el del FIB: la Felicidad Interna Bruta.
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miércoles, 25 de noviembre de 2009

Una experiencia en La Fleyssière, comunidad de El Arca en Francia.


Carmen Cuervo-Arango.

El 15 de agosto de 2009 salí para La Fleyssière con los recuerdos y sensaciones que guardaba de Lanza del Vasto y de La Longuera de la década de los 80. Tras años de búsqueda de movimientos o grupos que me aportaran al menos parte de lo que me había dado el Arca, había llegado a la conclusión de que ya había perdido bastante tiempo y que el hecho de no hablar francés no me debía impedir volver a vivir la profunda experiencia de estas comunidades. Había encargado un curso de francés en CD que no acababa de llegar, ni siquiera para poder escucharlo durante los 920 km de viaje. ¡Paciencia, ya me las arreglaría!

Iba hacia allí intentando mantener la mente abierta. Sabía que no debía buscar una copia de La Longuera: eran otros edificios, otro paisaje, otro idioma, otra gente, otro tiempo. Sí que esperaba de todo corazón que la dinámica y el tipo de espiritualidad fueran análogos a las que había conocido.

Había dirigido mi solicitud de estancia a La Borie, pero no recibí respuesta de allí. En su lugar, un día escuché en mi contestador un mensaje muy expresivo y cantarín de una tal Katharina, que me decía que me recibirían encantados en La Fleyssière, una comunidad hermana que se encontraba a poca distancia de la anterior. Sentí no haber obtenido contestación de la primera, que era de la que tanto había oído hablar en el pasado, pero seguía teniendo la suerte de haber recibido una respuesta positiva de acogida para esa semana.

No era el mejor día para viajar, pues las carreteras estaban colapsadas. Llegué por la tarde, en un momento de mucho calor y la comunidad parecía vacía. Paseé silenciosa junto a los edificios, pero no se oía nada ni se veía a nadie. Iba a sentarme a esperar a la sombra cuando vi a alguien detrás de una puerta. Era la cocina, donde Elke, una chica alemana que se iría en unos pocos minutos, estaba preparando un té. Me dijo que todos estaban descansando. La semana había sido agotadora, puesto que unas 50 personas habían asistido a un curso de danza de los Balcanes. La mayoría de la gente de paso ya se había marchado y otros pocos, como ella, estaban recogiendo sus cosas. También varios miembros de la comunidad habían salido de vacaciones. Elke me dijo que iba a llamar a la puerta de Katharina, pero preferí que no lo hiciera. El sábado por la tarde, si las cosas no habían cambiado, comenzaba el descanso del fin de semana.

Elke me enseñó el funcionamiento de los aseos, del que ya había leído yo en Internet. Esta comunidad no dispone de agua natural y ha de abastecerse llenando una cisterna, por lo que hay que hacer un uso limitado del agua. Por tanto, nada de inodoros, que consumirían una cantidad excesiva. Lo que tienen aquí son unas casetas de madera exentas. Algunas de las tablas del suelo tienen bisagras y se levantan, dejando a la vista un agujero ¡y ése es el aseo! Después, hay que coger un puñado de serrín que hay en un cajón de madera y echarlo por encima (“un puñado basta”, reza un letrero en varios idiomas). Cada cierto tiempo, imagino que vaciarán el contenido desde la parte baja (están situados al borde de zonas elevadas que permiten un desnivel adecuado). Este detalle te obliga a reflexionar desde el principio sobre el uso que debes hacer del agua cada vez que abres allí un grifo… ¡y al regresar a casa también!

Por la cocina aparecieron más tarde Jurek, un sonriente polaco que se dedica principalmente a la vaquería y la quesería y, minutos después, su mujer, Katharina, que llegó vivaz, luminosa y tan expresiva como en su mensaje del contestador. Sus 4 años de voluntaria en El Salvador y Honduras o Guatemala (no recuerdo cuál), trabajando en los campos de refugiados de la guerra civil, le habían permitido tener un español bastante fluido y lleno de matices claramente centroamericanos. Me enseñó algunas instalaciones de la comunidad, indicó a Elke que su habitación sería la mía cuando ella se marchara y, ante un par de dudas que le planteé, me miró sonriente contestando “Tú ya verás”. Imagino que quería que fuera descubriendo las cosas por mí misma y poco a poco.

Me pareció un privilegio tener una habitación para mí sola. Me apetecía mucho la vida en común, aunque también el silencio y el recogimiento, y allí tenía todo lo que necesitaba, incluso una mesita y su silla para leer o escribir.

Hubo dos detalles que no esperaba: la electricidad y el teléfono. Parece ser que, al haber quesería, Sanidad exige que haya una nevera para vender los productos y por ello se hizo la instalación eléctrica, según me contaron. En mi cuarto prefería encender las velas que había llevado. ¡El fuego atrae y ayuda a que permanezcan muchas sensaciones que la luz artificial sólo consigue ahuyentar!

Más tarde, conocí a los otros dos miembros de la comunidad que quedaban allí esa semana, Jean Baptiste y Janine, una pareja que lleva unos 40 años en el Arca. También había un par de personas que estaban a punto de cumplir un año de estancia en el lugar, Nadège y Filippe. Pronto tendrían que decidir si solicitar o no la posibilidad de formar parte de la comunidad y esperar la respuesta. Se trata de un paso serio para unos y otros, ya que la convivencia en este tipo de lugar hace establecer unos lazos muy estrechos y no todos los caracteres son afines o facilitan una vida cotidiana armoniosa. En palabras de Katharina, es como un compromiso, un matrimonio con el otro, algo que no debe darse sin los sentimientos adecuados ni tomarse a la ligera.

Asimismo conocí a Stella y Cristian, una pareja encantadora que visitaba las tres comunidades vecinas tras haber sido miembros de ellas en el pasado y que conocían también a amigos de la Longuera. Ah, y Ahmed, un francés de origen argelino que buscaba alojamiento y aparecía y desaparecía con su especialísima bici, recorriendo todos los parajes de las inmediaciones, que conocía a la perfección. También solía preparar el fuego de las “Buenas noches” y un delicioso té que colocaba en una mesa, bajo los árboles, para que disfrutáramos de la bebida y un poco de conversación después de las oraciones nocturnas.

Para terminar, estaban Fabienne y Blanche. Esta última nos acababa de dar un fantástico espectáculo de títeres. Su expresividad, belleza y pasión nos hacían desviar a menudo la atención de los muñecos y quedar absortos en su manera de estar en el escenario. ¡Lo daba todo, vestida de corsaria! En realidad estaba allí para entrevistar a Jean Baptiste. Pertenecía a un grupo Zen de París, y tenía que redactar un artículo sobre este conocido pacifista y activista, famoso por su lucha contra los alimentos transgénicos.

El domingo, al ser día libre, decidí dar un paseo hacia La Borie, por ver cómo era y también porque había quedado en visitar a Silvia Cremer, con quien había intercambiado varios correos. Recorrí con Blanche los 2 agradables kilómetros que separan ambas comunidades, charlando y conociéndonos mejor. Nos costó un poco encontrar la casa de Silvia pero, al final, pude disfrutar de unas horas de fantástica charla con esta deliciosa y valiente mujer. Supe de su experiencia en España y con amigos comunes de La Longuera, de las dificultades que estaban experimentando La Borie y ella misma, de sus ideales fuertes y sus ganas de luchar por aquello en lo que creía, la no-violencia, sin rendirse ante las enormes barreras que estaba encontrando, de su amor por el Arca y La Borie, de su apuesta por ellas. Regresé sola con una sensación bella y triste al mismo tiempo. Y el recuerdo de Silvia, su expresión y sus palabras estuvieron conmigo de una forma especialmente intensa toda aquella semana. Sigo acordándome mucho de ella.

Ese mismo domingo conocería a otro grupo de visitantes a los que también cogería un gran cariño, 4 polacos: Ania, Marlene, Asia y el sobrino de Jurek, Casper, además del genial Marko, de Estonia, todo sonrisa, buena voluntad, excelente humor y ganas de trabajar. Y al día siguiente llegaría Ana María, bondad, luz y sencillez reunidas en una sola persona, y con la que verdaderamente espero poder mantener el contacto en España.

El lunes ya nos incorporamos a la vida cotidiana y de trabajo. La primera campana suena a las 7. A las 7:15 hay meditación, pero nunca encontré a nadie en la sala común, sólo Fabienne se animó a acompañarme el segundo día, cuando se lo propuse. El desayuno, a las 7:45, reúne a los que están de paso o a los solteros que acuden a la cocina. Los “Buenos días”, a las 8,30, tienen lugar mirando hacia la salida del sol y es un momento especial por las preciosas oraciones, las lecturas sacadas de distintas confesiones religiosas o textos filosóficos y la oportunidad de mirar a cada uno de los presentes a los ojos, llamándoles por su nombre, como en las “Buenas noches”. Esa forma cotidiana de saludo ayuda a intentar reconciliarse con aquéllos con los que podamos tener algún roce o tensión. Al otro lado hay un ser humano que nos mira y nos saluda, una fantástica ocasión para plantearse el limar las diferencias. De allí se va a la reunión de trabajo, donde se exponen las distintas tareas pendientes para el día y cada cual se suma a una u otra según preferencias, habilidad o conciencia. A veces hay trabajos más duros o el día es especialmente caluroso y no todo el mundo tiene ganas o fuerzas para dedicarse a determinadas labores. Aquellos días había recolección y conserva de saúco, lavado de mantas, trabajo muy variado en la huerta y en la vaquería, leña que cortar… además de la cocina, para la que hay turnos establecidos y que puede resultar un poco estresante si no estás acostumbrado a cocinar para más de 20 personas y te sientes responsable de que todos coman decentemente J.

Tras la reunión de trabajo, todos acuden a las inmediaciones de la cocina (en verano) para pelar y cortar la verdura que se preparará en la comida. Esto es muy agradable, porque nos reúne a todos en un momento de trabajo ligero y sencillo que invita a la conversación y es una auténtica bendición para el encargado de la cocina de ese día, que sólo tiene que poner las verduras y hortalizas sobre las mesas y decir cómo las quiere. ¡Los fogones esperan con buena parte de la labor ya hecha!

A las 9:30 suena de nuevo la campana. Se trata de una de las “llamadas” que se oirán cada hora durante el trabajo y que nos invitan a detenernos, tomar conciencia de nosotros mismos, de lo que hacemos y “hacernos presentes al presente”. Es una pequeña acción de recogimiento que aporta muchísimo y que Lanza invitaba a todos a realizar en nuestras vidas, también de la ciudad, para no dejarnos arrastrar por la inercia y la falta de conciencia. También es un alivio cuando te dedicas a una labor especialmente pesada, ya que te “humaniza” y ofrece el descanso que aporta la interiorización. El trabajo termina a las 12:30 y a las 13:00 todos comen juntos. Se bendice la comida y el encargado de la cocina describe lo que ha preparado para nosotros. Después, hay tiempo libre hasta las 14:30, cuando se reinicia el trabajo hasta las 17:30. En teoría, hay meditación de nuevo a las 18:30, pero tampoco acudió nadie durante toda la semana. Yo aproveché para hacer yoga, leer varios capítulos del “Umbral de la vida interior” y meditar. Era un momento que esperaba con muchas ganas, especialmente porque no siempre tenemos tiempo de hacer hueco en nuestra vida cotidiana y aquí no quería dejarlo pasar. Posteriormente, la cena se hace en horario libre y la oración de las “Buenas noches”, alrededor del fuego, es a las 20:30.

Este horario y organización facilitan mucho la integración de los que visitamos las comunidades del Arca, nos hacen sentir útiles y partícipes, algo muy importante.

¿Y qué me aporta en concreto a mí todo esto? No es fácil de describir, porque las palabras se quedan cortas. Puedo decir que, al poco tiempo, el hecho de no tener prácticamente pertenencias, más que tu poca ropa, libros y cosas de aseo, y estar más en contacto contigo mismo, con los demás y con el trabajo manual, surge una clara sensación de ausencia de necesidades y preocupaciones. Todo se relativiza y adquieres una claridad de visión mucho más equilibrada, menos apasionada y casi como de espectador de tu propia vida “de fuera” (de la comunidad). Tienes tus necesidades espirituales y materiales básicas perfectamente cubiertas y podrías prescindir de todo lo demás, que te resulta superfluo. Estás más centrado en tu propio interior y, precisamente por ello, también más abierto al resto de los seres que te rodean, sintiéndote, al mismo tiempo, menos vulnerable. La vida fluye y eres consciente de ella. Las horas no pasan en vano, cobran mucho más sentido. Cada tarea tiene una finalidad clara y la carencia de cosas materiales simplifica la jornada (¡cuántos objetos acumulamos, limpiamos y ordenamos en nuestros hogares, convirtiéndonos en esclavos de ellos!). El trabajo se realiza en beneficio del interés común y otros están haciendo mientras tanto otras labores que te descargan y que agradeces que hayan hecho por ti, como ordeñar las vacas, preparar el queso, cocinar, cultivar, subir comida de la huerta, partir la leña, tomar decisiones... La posibilidad de variar de actividad también hace que no haya monotonía y te abre a nuevos conocimientos y habilidades.

Tuve la enorme suerte de haber vivido todo esto ya en mi juventud aunque ahora, con mis ojos adultos, soy capaz de ver más allá. Soy consciente de que la vida es mucho más fácil allí para los que estamos de paso. No tenemos más responsabilidades que las asignadas y, una vez terminado el horario de trabajo, quedamos libres de todo peso y preocupación. Quienes viven allí, observo ahora, necesitan ser auténticos corredores de fondo. No todos los días te apetece ver caras nuevas, recibirles de un modo en el que se sientan bien acogidos, explicarles todas las dinámicas de tu comunidad. Además, los miembros han de estar organizando el trabajo, pensando en todo lo que queda pendiente, supervisando y reparando los errores de quienes desean ayudar, pero se equivocan o carecen de habilidad. También tendrán que preocuparse del mantenimiento económico de la comunidad, si su trabajo aporta lo suficiente, si hay que salir a vender, organizar cursos o buscar alternativas diferentes. Además, si la convivencia ya es sumamente difícil entre los miembros de una familia, que tienen la misma educación, formación y nacionalidad, aquí se reúnen personas de naturaleza muy distinta, con sus altibajos y sus lógicas aristas que limar. Esto requiere fuerza, tesón, voluntad. Los visitantes podemos dar lo mejor de nosotros mismos. Somos recibidos, aceptados, integrados, ¿qué más podemos ofrecer que nuestro deseo de colaboración y nuestro mejor humor? Sólo el tiempo y la convivencia nos haría mostrarnos tal y como somos en realidad y, en ese sentido, es admirable que estos grupos tan variados de seres humanos consigan convivir año tras año superándose a sí mismos e intentando hacer un espacio tan importante en sus vidas para los demás.

Lanza del Vasto propuso una preciosa opción de vida que no podía quedarse ahí, encerrada en sí misma. Quiso que sus comunidades sirvieran de luz a aquéllos que se acercaran para buscar, centrarse, recuperarse, recogerse, entender, meditar, volver a ser… por lo que la acogida es una de las bases esenciales de la vida del Arca. Y tal vez un termómetro de su estado de salud. Al mismo tiempo, acoger también supone renovar la comunidad y garantizar su continuidad. Lo contrario le haría perder fuerzas y envejecer. Por lo que he visto, La Fleyssière, aunque pequeña, es una comunidad que tiene una larga vida por delante.

No puedo más que sentir agradecimiento hacia estas comunidades por estar o haber estado ahí, año tras año, brindándonos la oportunidad de acercarnos para recoger todo aquello que necesitamos para fortalecernos. Estáis haciendo realidad una de vuestras oraciones diarias: “Danos, Señor, paz, fuerza y gozo, y danos el dárselo a otros”.
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sábado, 21 de noviembre de 2009

ANIMACIÓN CON ARENA, REANIMACIÓN DE SENTIMIENTOS

Cuando el ser humano es capaz de crear estas cosas y de contagiarnos de tan buenas emociones y sentimientos, no todo está perdido...
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viernes, 20 de noviembre de 2009

SÓLO LOS POBRES TIENEN COSAS


Santiago Alba Rico. Rebelión.

En nuestra vieja casa de piedra, en un pueblecito cerca de Madrid, teníamos una parra que había trepado durante décadas, agarrada al muro, para desplegar sobre el balcón su sombra dulce de hojas y de uvas. Un día, no la encontramos; al pie de la pared dolorosamente desnuda se alzaba un muñón diminuto serrado con violencia, tristísimo cimiento vegetal de la catedral derribada. Al vernos, uno de los vecinos se nos acercó para explicarnos con naturalidad, y casi con reproche:
- Era un engorro. Me he comprado un coche nuevo más grande y tenía que maniobrar mucho para entrar en vuestra calle, exponiéndome además a que la parra me rayara la carrocería. Así que la he talado. Era dura la condenada; he tenido que sudar para cortarla.

Pedía casi que le agradeciéramos el esfuerzo. Tan improcedente le parecía que un árbol obstaculizase el camino de un coche, y tan natural esa jerarquía, que no podía imaginar nuestra contrariedad ni nuestra cólera. Entre coches, la lucha habría estado quizás igualada; pero entre un coche nuevo y una excrecencia natural que nadie había comprado, y que salía de debajo de la tierra, el coche nuevo debía hacer valer rutinariamente todos sus derechos.

Las catedrales a veces crecen solas: se llaman parras o almácigos o colinas o glaciares. Se toman su tiempo en formarse -décadas, siglos o milenios- y desaparecen luego en un minuto porque obstaculizan la multiplicación y disfrute de la verdadera riqueza, fabricada por la Ford o por la Sony y vendida por Wall-Mart o El Corte Inglés.

El modelo mental de nuestro vecino aldeano es el de un mundo, el capitalista, en el que son los coches -las mercancías en general- y no los árboles los que tienen valor. Pero tampoco puede decirse, la verdad, que tengan mucho valor. Que prefiramos los coches y los televisores a las parras y las colinas no quiere decir que coches y televisores revistan a nuestros ojos el valor sagrado que para nuestros antepasados tenían ciertos árboles o ciertas montañas. En este mundo están, por así decirlo, las criaturas que no tienen ningún valor -como los rosales, los ríos y los iraquíes- y las que tienen muy poco valor, como lo son todas las que podemos comprar en el mercado. Lo hemos escrito otras veces: los españoles tiran a la basura sus teléfonos celulares cada tres meses, sus ordenadores cada año y medio, sus carros cada dos años. Tiran ininterrumpidamente los pañuelos, los papeles, las botellas, los encendedores, las cuchillas de afeitar, los bolígrafos, los Cds. Valoran más, claro, un trozo de plástico que un castaño milenario, pero el trozo de plástico lo tratan sin ningún respeto y enseguida lo olvidan, lo arrinconan o lo cambian por otro semejante.

El misterio metafísico del capitalismo se resume en esta pregunta: una mercancía ¿es realmente una cosa? Pero antes que nada: ¿qué es una cosa? Digamos que cosa es todo aquello que se rompe y que tarde o temprano no se puede ya recomponer; todo lo que está desprotegido, todo lo que requiere cuidados, todo lo que se vuelve irreemplazable con el paso del tiempo y cuya ausencia, por eso mismo, deja también una especie de cosa intangible y triste en su lugar. La silla que me ha soportado tantos años, el libro, el jarrón, el mar, el mundo mismo son cosas. Un niño y un amado son cosas. Nos guste o no, en la medida en que somos cuerpos y estamos a merced de todos los demás, los seres humanos somos también cosas . No nos importaría ser tratados como cosas valiosas -o al menos como animales de compañía. Pero el problema es que, bajo el capitalismo, somos tratados como mercancías.

Antes la burguesía acumulaba muchas cosas; ahora sólo los pobres conservan algunas pocas con vergüenza y aspiran precisamente a liberarse de ellas. Las cosas han desaparecido. Cuando algo está a punto de convertirse en una cosa, se corre al mercado a cambiarla por otra. Nada se rompe porque todo lo tiramos mientras aún sirve o funciona; nada llega a estar ausente porque no le damos tiempo para estar presente. El mercado capitalista constituye un “hombre nuevo” porque establece un lugar antropológico sin precedentes en el que todo lo existente -todas las criaturas, naturales y artefactas- se pueden reemplazar. De los costes ecológicos de esta ilusión de intercambiabilidad y reemplazabilidad (que se alimenta de recursos finitos y de un planeta diminuto e insustituible) se habla a menudo; lo que no se dice con tanta frecuencia es que, en un mundo sin cosas, en un mundo en el que los humanos no alcanzamos ni siquiera el rango de cosas, en el que nada nunca llega a romperse, todo se puede tratar por igual sin ningún cuidado. ¿Las parras, los ríos, los iraquíes? Son obstáculos para el mercado. ¿Los coches, los televisores, los trabajadores? Vamos, hermano, a comprar uno nuevo.

Todo nuestro universo mental y cultural está ya configurado por esta falta radical de cuidado que acompaña a la ilusión fundamental del mercado: la de que todo tiene solución. La publicidad no anuncia productos concretos sino el evangelio -la buena nueva- de esta curación universal: todo tiene arreglo y si usted tiene arrugas, estreñimiento, la piel seca, poco pelo, nadie le quiere, no le dan trabajo, es sólo culpa suya. Es duro ser pobre cuando uno sabe que con un poco de dinero podría dejar de serlo; es duro ser pobre cuando sabemos que podríamos ser incluso inmortales -y con nosotros toda la familia, que tampoco nos lo perdona- si hubiéramos hecho bien la compra.

Pero esta desaparición de las cosas no rige sólo el universo publicitario; también el cinematográfico. Lo que hay que reprochar al esquema de Hollywood no es que oponga de un modo excesivamente sumario el Bien al Mal. Yo también lo hago: para mí René, Antonio, Fernando, Gerardo y Ramón son los “buenos” y -por ejemplo- Kissinger, Bush y Cheney son los “malos”. Lo que tiene de engañoso, enfermizo y corruptor el esquema de Hollywood es su pretensión -puro reflejo del mercado- de que todos los conflictos tienen solución y todas las pugnas conciliación.

No es así: nos rompemos, nos morimos.

No es así: hay luchas en las que sólo puede haber un vencedor.

Porque nos morimos tenemos que cuidarnos los unos a los otros.

Porque el capitalismo nos trata sin cuidado, es necesaria la revolución.
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jueves, 19 de noviembre de 2009

CARTA DE LA TIERRA: UNA EXPERIENCIA VIVA.


El domingo pasado, celebró en Madrid el 5º congreso de la carta de la Tierra,organizada por Fundación Valores, fui invitada por la organización Valencia Sostenible y Creativa. Fue una experiencia muy grata, realmente sentí que algo está sacudiendo las conciencias impulsándonos hacia el camino del cambio de conciencia que parará este sistema de vida desastroso e injusto con todo. Se percibe a corto plazo un fuerte cambio liderado por personas en movimiento continuo en pos de ello,es decir cambiar el modelo de sostenibilidad,en todos los ámbitos,en las empresas,en la educación,en definitiva cuidando la comunidad global junto con el medio, desde por el amor, y descubriendo el Centro de nosotros mismos y honrándolo; desde ese centro sagrado en el que sólo cabe la paz, iremos creando la armonía con nuestro interior y con nuestros semejantes.
Conocer a Oscar Matomura, Fidel Delgado, Leonardo Boff, Joaquín Tamames, a los organizadores..., fué todo un lujo; también fue una dicha descubrir que hay un latido común con estas personas llenas de espiritualidad y de fuerza puestas al servicio de la humanidad, invitándonos a que apostemos por un mundo mejor, desde un consumo responsable y solidario, no dejándonos engañar más por un marketing perverso.
En granada está previsto otro congreso.
Abrazos con Paz, Fuerza y Gozo.
Isvari
Web de la Carta de la Tierra.

Carta de la tierra, una experiencia viva
Ferran Caudet. Red Sostenible y Creativa.
Como nos gusta conectar con la esencia de las cosas más allá de las formas o apariencias que nos llegan y tras enterarnos en otra comunicación de que se celebraba el V Congreso Internacional en Madrid, allí nos fuimos ayer 8 amigos de la Red: Vicent, Nacho, Carmen, Edurne, Arturo, Isvari, Rosa y el que escribe...gracias por decidir compartir esta experiencia.

Al llegar la primera alegría ver allí a nuestros amigos del Proyecto Avalon encabezados por Grian, ellos son los que nos conectaron por primera vez con este texto tan interesante e inspiraron el articulo del nº3 de VSYC.
Como ya conocían y estaban desde el sábado hicieron de anfitriones, nos presentaron a Alfonso profesor de educación para la Paz la Universidad de Granada, y este a Leonardo Boff, Oscar Motomura, Fidel Delgado...
Que dosis de optimismo ver a toda esa gente vibrando...fuimos bien acogidos, allí en apariencia todo era natural, los ponentes sentados entre el publico y compartiendo tiempo y cariño, la organización en su sitio, se respiraba humanidad...
El primer ponente Joaquin Tamames, un ejecutivo del Banco de Sabadell, que nos contó como hay procesos de toma de conciencia en las grandes empresas, que lo importante no son las circunstancias externas sino que las personas encontremos nuestro centro y actuemos desde ahí, que valentía la de este ejecutivo que medita habitualmente y que vive su trabajo como parte de su evolución personal, incidió con ejemplos muy claros sobre la importancia de que las personas podemos transformar las instituciones y que esto es posible si nos relacionamos entre personas independientemente del cargo o la institución que representemos. Mucha claridad y confianza de que el cambio ya esta produciéndose en las más altas esferas también.
A continuación tuvimos la oportunidad de escuchar a Oscar Motomura, increíble como nos hizo vivir el espíritu del cambio global que representa la carta de la tierra:
Tramos de películas, ejemplos, interpelaciones al público, el testimonio en video de Ze Celeste, un agricultor del norte de Brasil, que impactó por su creatividad, solidaridad, valentía, alguien que sin conocer la carta de la tierra nos conectó con ella, era alguien muy pobre que decidió ser el dueño de su vida, ideo una forma de producir verduras ecológicas en una zona de arena, y desde ahí ha alimentado a su familia, ha creado un edén donde la gente se moría de hambre, que inspirador ver a alguien que es capaz de trasformar unas condiciones muy difíciles en algo favorable, que sencillez profunda y paz transmite...un ejemplo de alguien independiente, creativo y en su centro.
Oscar supo con maestría llevarnos a conectar con lo mejor de nosotros, e impulsarnos a tomar conciencia más allá, os recomiendo que busquéis en su página, nos deja información de interés a partir del martes. www.oscarmotomura.com.br Al final tuvo la amabilidad de fotografiarse rodeado de todos nosotros, cuando conectas con alguien que comunica desde el ser y que lo hace con naturalidad no hay palabras...
En cuanto a Federico Mayor Zaragoza que clausuró el congreso, alguien que ha dirigido la Unesco y ha estado en cargos de Responsabilidad política y que dice las cosas por su nombre, de su ponencia destacaría la necesidad de participación de la gente para recuperar su protagonismo más alla de partidos y oligarquías. El fue uno de los impulsores de la Carta de la Tierra y nos comentó algunos artículos y las claves de la política internacional que inducen a la confianza de que es posible otro mundo y que el proceso está en marcha, pero es necesario que lo realicemos cada uno desde la ética y la responsabilidad.
Hubo magia, compartimos nuestros sueños cada vez más cerca de convertirse en "realidad" y las adas de la Fabrica de Sueños nos ayudaron a abrir los corazones y jugar...jugar como niños sin tiempo...
Iniciativas como la carta de la tierra nos hacen a todos mejores, seguiremos sumando nuestro esfuerzo para difundirla y profundizar en su esencia agradecemos a los organizadores del congreso dirigidos por las personas de la Fundación Valores, su esfuerzo para beneficio de todos.
"Puedes seguir poniendo tu energía al servicio de esta forma perversa de entender el mundo por miedo, desconfianza, comodidad, pereza... y después quejarte de lo mal que van las cosas o buscar tu centro y desde ahí poco a poco con pequeños pasos descubriendo y potenciando tus talentos naturales, comprometiéndote con responsabilidad y coraje, transformar tu mundo y ser protagonista de tu vida, tu decides aunque no te des cuenta y el tiempo es ahora... Juntos somos más.
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martes, 17 de noviembre de 2009

ENTREVISTA A RAJAGOPAL, ACTIVISTA INDIO SEGUIDOR DE GANDHI



“SIN UNA REDISTRIBUCIÓN DE LA TIERRA NO LOGRAREMOS LA SOBERANÍA ALIMENTARIA”
Entrevista a Rajagopal, activista indio seguidor de Gandhi y representante de la organización Ekta Parishad
Carla Fernández. Madrid. Jueves 29 de octubre de 2009. Diagonal, nº 112

Reclama los derechos de los más desfavorecidos y desfavorecidas de su país, la India, a través de largas marchas multitudinarias y pacíficas. La próxima pretende reunir a 100.000 personas en 2012.

DIAGONAL: ¿Por qué la cifra de 100.000 personas marchando a Nueva Delhi en 2012?

RAJAGOPAL: Cuando 25.000 personas emprendieron la marcha de 2007, la idea simbólica con la que se trabajó fue que el 25% de la población de la India es pobre y está sufriendo, y para denunciarlo conseguimos que marcharan 25.000 personas. Ahora queremos conseguir que un millón de personas obtengan acceso a la tierra y la idea simbólica es que el 10% de ese número, es decir, esas 100.000 personas caminen todas juntas para conseguir este objetivo. El número es pequeño para la cantidad de millones de habitantes que tiene el país, pero la organización de un evento no violento de miles y miles de personas caminando no puede ser ignorada por el Gobierno. Por ello, estamos tratando de diseñar esta estrategia para presionar al Gobierno y conseguir ser escuchados.

D.: ¿Qué logros se han conseguido hasta la fecha?

R.: La principal lucha de este movimiento campesino ha sido trabajar por la reforma agraria en la India. Sin una redistribución de las tierras no podemos lograr la soberanía alimentaria en nuestro país. Usamos métodos pacíficos de diálogo con el Gobierno: nos servimos de la presión internacional y del diálogo participativo desde la base. Métodos que unidos pueden lograr grandes cambios. Después de cada marcha, el Gobierno ha modificado algunas políticas. Con la marcha de 2000, obtuvieron tierras 3.500 personas. En 2001, las consiguieron 11.000 personas. Lo importante es poder tener influencia para cambiar algunas de las políticas del Gobierno. Con la marcha de 2007 conseguimos que se aprobara una ley desde el Gobierno central de la India que permite el acceso a la tierra de toda la población indígena del país, lo que supone el 8% de los habitantes.

D.: Pero en el tema de la tierra y los recursos, el Gobierno indio también está muy presionado por las grandes corporaciones como Monsanto.

R.: La lucha se está dando tanto contra el Gobierno como contra las compañías. Éstas últimas, con sus actividades productivas como las grandes plantaciones para agrocombustibles, están contaminando la tierra, el agua y el aire, pero a la vez es el Gobierno quien da el permiso para que esto suceda. Así que debemos trabajar en ambas direcciones contra el Gobierno y contra las grandes corporaciones.

D.: ¿Cómo se organiza Ekta Parishad en un país tan grande como la India?

R.: Trabajamos en 12 Estados de la India. Estamos hablando de aproximadamente el 50% de la población del país, dentro de las áreas donde predomina la lengua hindi. Trabajamos en unos 3.000 pueblos alrededor del país. No es un movimiento que nace en Nueva Delhi y trata de expandirse hacia la base. Todo el proceso de organización es de abajo hacia arriba. El elemento esencial de nuestra lucha es que queremos conseguir cambios a través de medios no violentos, porque pensamos que el sistema, la economía, es ya demasiado violenta y el cambio sólo puede ocurrir a través de la no violencia. Aunque la no violencia no implica pasividad.

D.: ¿Qué papel desempeñan las mujeres en este movimiento?

R.: El movimiento intenta formar cada vez a más y más mujeres para que tengan un papel importante de liderazgo. La marcha de 2007 fue un acto importante porque ellas tomaron papeles de liderazgo en una acción de masas. En esos contextos tienen más facilidad de actuación que en sus pueblos, donde están más controladas. El 40% de los participantes fueron mujeres, muchas de ellas embarazas, otras vinieron con sus hijos, otras eran ancianas, pero todas dejaron atrás la tradición y la familia para caminar, lo que fue un hecho cultural extraordinario.

D.: ¿Cómo se financian los campesinos y campesinas para emprender esas largas marchas?

R.: Respecto a la realidad de la organización Ekta Parishad necesitamos recursos, porque hay cerca de 400 activistas participando para llevar a cabo el proyecto. Para cubrir estos gastos recurrimos a la cooperación internacional. Respecto a los campesinos participantes de base, ellos mismos crean sus pequeños fondos de lucha y se organizan de manera representativa. Cada miembro paga una pequeña cuota mensual para participar y ese dinero también es usado para los avances del movimiento. El éxito del proceso depende de que la gente tome conciencia de que es una lucha común.

D.: ¿Qué relación existe entre el modelo económico y de consumo occidental y la situación actual de la India?

R.: Nuestra lucha principal es contra el modelo de desarrollo occidental. Este modelo está básicamente apoyado en la explotación sin fin de los recursos naturales. Los problemas sobre la alimentación son internacionales. También en el Estado español Monsanto está decidiendo qué debemos comer. Hay que preguntarse sobre quién y cómo produce nuestra comida, en qué medida está contaminada. El propósito de nuestro viaje por Europa es buscar aliados y apoyos. Desde aquí se puede hacer mucho, por ejemplo escribiendo cartas de protesta a los ministros de nuestro gobierno, ejerciendo presión internacional.

D.: ¿Trabajáis con otras organizaciones similares?

R.: Ekta Parishad es una red importante en cuestiones de trabajo con la tierra. Tierra, agua, semillas, son cuestiones muy importantes por lo que tratamos de construir sinergias entre estas redes con otras organizaciones.

Hace casi 40 años que, inspirado por Gandhi, decidió luchar de forma pacífica por la justicia social y los derechos de los campesinos y campesinas. En 1991 creó la organización Ekta Parishad (Foro Unido) en un intento de articular a la sociedad civil india. Su forma de protesta se basa, principalmente, en largas marchas anuales de cientos de kilómetros para sensibilizar y presionar al Gobierno de la India sobre la situación de los más desfavorecidos y desfavorecidas. En 2007 su organización lideró una multitudinaria marcha de campesinos y campesinas sin tierra, 25.000 personas que recorrieron 350 kilómetros. Siempre bajo el paradigma de la no violencia, defiende el derecho de las personas a decidir sobre su propia alimentación, a proteger sus semillas y a conservar sus recursos frente a las agresiones ambientales que causan las grandes compañías. Un gran reto en el segundo país más poblado del planeta donde, según los últimos datos, 390 millones de personas sobreviven con menos de un dólar al día. El paso de este activista indio por el Estado español se enmarca en un periplo europeo para presentar su próximo proyecto: una marcha de 100.000 personas en octubre de 2012.
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lunes, 16 de noviembre de 2009

LA SALUD QUE VIENE Y EL MARKETING DEL MIEDO


Entrevista: Salvador López Arnal. Rebelión.

“Vivimos en una sociedad que contrapone los intereses de las grandes empresas y los de la ciudadanía, como si existiera una guerra social abierta pero silenciada”

Miguel Jara, escritor, periodista especializado en la investigación de temas de salud y ecología, corresponsal en España del British Medical Journal (BMJ) y usual colaborador de la revista Discovery DSalud, Miguel Jara ha realizado la investigación que sirvió de base para el documental “Carga tóxica” de Documentos TV (TVE) sobre los efectos en nuestra salud de las sustancias químicas que existen en nuestro medio ambiente y es igualmente autor de Traficantes de salud (Icaria, Barcelona, 2007); Conspiraciones tóxicas (Martínez Roca, Barcelona, 2007), en colaboración con Rafael Carrasco y Joaquín Vidal, y de La salud que viene. Nuevas enfermedades y el marketing del miedo (Península, Barcelona, 2009), su ensayo más reciente.

Felicidades por su magnífico libro. Son tantas las cuestiones en él abiertas que me temo me va a ser imposible preguntarle todas los temas que me ha sugerido su lectura. Empiezo por el título. Subtitula su libro “Nuevas enfermedades y el marketing del miedo”. ¿De qué nuevas enfermedades habla usted? ¿Nuevas en qué sentido?
El concepto exacto sería emergentes y/o “ambientales”, más que nuevas, pues son patologías que ya existían hace años pero que en los últimos lustros se ha incrementado el número de afectados sobremanera por efecto de la contaminación ambiental, sobre todo de la química tóxica y de la electromagnética.

Añade usted: “y el marketing del miedo”. ¿Qué marketing es ése? ¿Quiénes se publicitan a través de él?

El marketing del miedo es la expansión de manera perfectamente controlada, premeditada y estructurada del miedo entre la población para, en el caso que analizo, hacer creer a la ciudadanía que puede estar o está enferma y así vender medicamentos, antivirales y/o vacunas. Se utiliza para “obligar” a la población a abrazar las soluciones “establecidas” y hoy está cada vez más extendido entre las prácticas de la industria farmacéutica y así podemos comprobarlo en la última década con los ejemplos de la “epidemia” de gripe aviar, la gran campaña de lobby y marketing del miedo para vender la vacuna contra el virus del papiloma humano o la “pandemia” de la gripe A. Creo que al concluir la lectura del libro puede entenderse bien el fenómeno de la invención o exageración de enfermedades al que asistimos durante los últimos años.

Le pregunto ahora por un tema que transita por su libro, así, a bocajarro. ¿Usted es un tecnófobo, un ludita acaso? ¿No ama a la ciencia? ¿Está proponiendo una vuelta a un pasado sin tecnología por lo demás imposible?

No a la primera y tercera pregunta. Amo la tecnología que tiene a las personas como objetivo. Los luditas –movimiento obrero de principios del siglo XIX- con su acción sobre las nuevas máquinas de aquella época que ayudaban a desarrollar los intereses de los patrones en contra del interés de los trabajadores hicieron una crítica radical acertada de lo que luego ha sucedido: a mayor nivel tecnológico de una sociedad mayor paro, alienación y control social y también mayores ingresos para las patronales, algo todavía difícil de ver por la mayor parte de la izquierda, incluso la honesta, fascinada por la tecnología y por su obcecación productivista.
Por proponer propongo mirar al pasado para coger lo mejor del mismo y utilizar del presente y futuro sólo aquello que de manera probada ayude a las personas sin dañarlas. ¿La ciencia? ¿Cómo no amarla y por ello advertir que en buen parte, como tantas bases de la civilización, está prostituida por el mercado?

Le señalo un concepto: progreso tecnológico. ¿Cuándo existe verdaderamente progreso tecnológico en su opinión? ¿Toda invención técnica es un avance humano? Si no es así, le ruego me de un ejemplo para ilustrar su respuesta.

Partimos de la base de que casi cualquier consecución humana es técnica, pero si estamos de acuerdo en que hemos llegado a un punto en que todo, absolutamente todo ha de ser revisado bajo el paradigma ético, debemos concluir que no vale todo, que no vale toda técnica sino que sólo vale la técnica que tenga a las personas como objetivo: inventar la bomba atómica fue un prodigio técnico que hoy supongo que la mayor parte de la ciudadanía tacharía de monstruoso. Hoy existen servicios y tecnologías que son puros objetos de consumo para el mercado y que en su mayor parte además provocan graves impactos ambientales y merman nuestra salud. En parte de eso trata el libro. Y las personas que enferman por vivir en nuestra sociedad, sólo por hecho de “estar” en esta sociedad son el vivo retrato del fracaso del modelo económico.

También usted sugiere en reiteradas ocasiones tener muy en cuenta el principio de precaución. ¿Cómo definiría ese principio? ¿No cree que llevado al extremo este principio nos paralizaría?

Dicho principio viene a decir que hasta que no esté perfectamente garantizado que un servicio o tecnología es inocuo no ha de ponerse en circulación. Hoy ocurre lo contrario, se han liberado al medioambiente unas 104.000 sustancias químicas tóxicas muchas de las cuales se ha comprobado con estudios científicos que son nocivas. Convivimos con ellas a diario, están en casi todas partes, incluso dentro de nuestros cuerpos y no sabemos como interactúan entre ellas. Desde los años 40 del siglo pasado los soviéticos saben que la contaminación electromagnética enferma a las personas pero durante los últimos años asistimos a un despliegue descomunal de redes de telecomunicaciones inalámbricas que funcionan por microondas. Son dos ejemplos de tecnologías contaminantes a las que no se ha aplicado el principio de precaución y ya están enfermando a nuestros convecinos. Si no se acota, el problema irá a más. Eso es parte de la historia que narro en el libro.
Y no, lo que nos paraliza es expandir tecnologías “sucias”.

¿Podemos hablar con pleno sentido de víctimas de la civilización tecnológica? ¿Quiénes serían sus miembros?

Sí, es cierto que existen esas víctimas y serían las personas que sufren hipersensibilidad a los productos químicos tóxicos o a los campos electromagnéticos, quienes sufren Sensibilidad Química Múltiple, Síndrome de Fatiga Crónica, fibromialgia, ciertas alergias y asma, cánceres, quienes enferman por el denominado Síndrome del Edificio Enfermo o los enfermos crónicos por llevar empastes dentales con mercurio o los niños autistas por haberlos vacunado con vacunas que llevan como conservante Tiromesal (etilmercurio) y un larguísimo etcétera.

¿Por qué afirma que vivimos en una civilización bipolar? ¿Cuáles son los vértices de esa bipolaridad?

He publicado tres libros y en ellos hay un nexo común, como una línea que los recorre que es el enfrentamiento soterrado entre empresas y personas. Vivimos en una sociedad tan mercantilista que los intereses de los grandes grupos industriales y los de la ciudadanía son contrarios. Es como si existiera una guerra social abierta pero silenciada: lo que es bueno para la industria de las comunicaciones inalámbricas, la expansión masiva de antenas es malo para la ciudadanía; lo que es bueno para el sector farmacéutico, que existan siempre personas enfermas, es malo para la ciudadanía que aspira a tener salud; lo que es bueno para la industria química (por cierto muy ligada a la farmacéutica) es malo para las personas que enferman cada vez más por la contaminación química. Es el modelo económico el que está enfermo pues al regirse por la competencia fomenta el que las grandes empresas para mantener e incrementar sus dividendos estén obligadas a producir cosas nuevas aunque estas en muchos casos no tengan sentido, no sean útiles e incluso hagan daño.

En su libro cuenta fenómenos que, recojo su idea, suelen pasar desapercibidos a la mayor parte de la población pese a que nos afectan a todos. ¿Cómo puede ser eso posible? ¿Cómo podemos ignorar cosas tan básicas? ¿No estamos viviendo en la sociedad de la información?

Nunca hemos estado tan informados como ahora, pero eso al mismo tiempo produce una saturación informativa que genera confusión, luego desinformación. Por un lado son tantas las cosas importantes que deberíamos saber que no tenemos tiempo material para informarnos sobre ellas. Por otra parte la tónica general de mis libros es contarles a los lectores cómo los grupos industriales sobre los que trabajo de manera sistemática intentan controlar la información de los tema que les afectan, presionan a los periodistas y científicos que divulgan esos asuntos y montan campañas de desinformación inducida, por ejemplo, realizando estudios científicos que lleguen a las conclusiones que ellos buscan y jugando a generar confusión para que los negocios continúen con la excusa de que tal o cual servicio o tecnología “no se ha probado que sea nocivo” (es una trampa dialéctica porque la carga de la prueba no debe recaer sobre la ciudadanía sino sobre las empresas que quieran poner en el mercado productos que puedan ser malos para la salud o el medioambiente).

¿Por qué afirma que la peor sombra que se cierne sobre nosotros no es la alienación o el colapso ambiental, que en absoluto son un postre dulce para finalizar nuestra alimentación, sino el actual desorden organizado? ¿Qué desorden es ese? ¿Desorden organizado no es una contradictio?

El desorden organizado alude a lo que acabo de explicarle: en buena medida, los grandes grupos industriales manejan la economía y la sociedad a su antojo y utilizan a la clase política para ello y para dar una sensación de legitimidad democrática a lo que es puro autoritarismo de mercado. Una sociedad en la que tantas personas enferman por el grado de contaminación al que hemos llegado, en parte porque existen muchas industrias que contaminan sin pudor, no es una sociedad sana, muy al contrario. Pero ese caos es controlado por los grandes grupos industriales que además pretenden hacernos ver que vivimos en el mejor de los mundos posibles. Una de las enseñanzas del libro Un mundo feliz de Huxley es que la sociedad totalitaria perfecta es aquella en la que el individuo es feliz en su alienación. El colapso ambiental está manifestándose en que muchos de nuestros conciudadanos están enfermando por “estar” en esta sociedad, como le digo. Los diferentes contaminantes despiertan hipersensibilidades en sus organismos. Si ignoramos que eso es una clara señal de que nos hemos equivocado de camino habremos entrado en ese mundo feliz.

Los casos de salud laboral que explica a lo largo del libro, ¿cómo son enfocados por los sindicatos de los trabajadores? ¿Están suficientemente informados al respecto? ¿Tienen eco en las instituciones políticas?

Mis principales fuentes de información para abordar los casos de personas que enferman en su entorno laboral, principalmente por lo que se denomina Síndrome del Edificio Enfermo, son sindicalistas de sindicatos pequeños y/o independientes. CC.OO. tiene un fenomenal instituto que trabaja este ámbito. Es especialmente puntero en el tratamiento de los contaminantes químicos pero en general existe desinformación sobre lo que es un ámbito saludable de trabajo o sobre las fuentes de contaminación en dicho ámbito. En La salud que viene es patente incluso cómo hay empresas que cuando surgen casos numerosos de determinadas enfermedades en sus oficinas intentan ocultarlas y en ocasiones cuentan con la complicidad de sindicatos, los mayoritarios, por lo general.

Cuenta en la primera parte de su libro que en 2002, Gro Harlem Brundtland, entonces máxima responsable de la OMS, comentó a un periodista noruego que en su oficina de Ginebra estaban prohibidos los teléfonos móviles. La doctora Harlem sufría hipersensibilidad a los campos electromagnéticos. La noticia fue publicada el 9 de marzo de 2002 en el periódico noruego Dagbladet. Meses dspués de publicarse la información, Gro Harlem tuvo que abandonar la dirección de la OMS. Señala usted que, según el doctor Carlos Sosa, muchos señalan a Michael Repacholi, el máximo representante medioambiental de la OMS, y a la industria de la telefonía móvil, como autores de la proscripción. ¿Los colegas científicos pueden comportarse con tan poca piedad? ¿Tanto poder tiene la industria de la telefonía móvil para descabezar nada más y nada menos que la dirección de la OMS?

Todo sector industrial que se precie tiene grupos de presión, lobbies, a su disposición para infiltrarse y presionar en las instituciones más importantes. Esto lo hacen a diario y supone la desvirtuación de la democracia. Piense que las decisiones que hoy toman instituciones como la OMS o el gobierno europeo, la Comisión Europea, o cualquier gobierno, el español, los de las diferentes comunidades autónomas, están muy influidas por los intereses privados. Como le comentaba en una respuesta anterior, parte de esa estrategia consiste en someter la ciencia a los intereses del mercado.

Vuelvo sobre el punto anterior. Teniendo en cuenta lo que cuenta en su libro. ¿Usted es partidario de prohibir los teléfonos móviles? ¿No crea demasiada alarma social con lo que señala? Parece que hay científicos e ingenieros independientes que han probado la inocuidad de estos aparatos y de las tecnologías anexas .

Soy partidario de aplicar siempre el principio de precaución antes de poner en servicio una tecnología que pueda dañar la salud humana. La información libera, la alarma la provocarán quienes impulsen tecnologías y servicios contaminantes. Existen centenares de estudios científicos que concluyen que la contaminación electromagnética es dañina para nuestra salud. También existen multitud de trabajos, casi más que los primeros, pagados por las operadoras, cuyas conclusiones son contrarias a los primeros. En los últimos años se han publicado varios macroestudios, hechos por científicos de diferentes países, multidisciplinares, con financiación pública, que concluyen que esta polución daña nuestra salud. Algunos son el Reflex o el BioInitiative Report. Incluso el Parlamento Europeo se ha hecho eco de ellos y ha llamado a la aplicación del principio de precaución.

Dedica un capítulo entero, que por cierto pone los pelos de punta, a los edificios enfermos. ¿Qué hace que los edificios enfermen? ¿El fálico edificio Agbar de Barcelona, por ejemplo, debería ser clausurado?

Fallos graves en el diseño, un diseño y construcción antiecológico: en estos edificios por lo general prima la luz artificial sobre la natural, la ventilación no existe pues son estancos y el aire sólo entra por el aire acondicionado; dentro se utilizan numerosos compuestos químicos potencialmente tóxicos (en su limpieza o los que portan las personas y los que se utilizan en las pinturas, barnices u ordenadores, por ejemplo); están hechos con materiales que pueden ser tóxicos; presentan una notable carga electromagnética fruto de la cantidad de móviles, antenas WiFi o aparatos eléctricos que se acumulan, además de otros factores. Yo documento cómo en los últimos años se ha extendido en este tipo de edificios, que se corresponden con los modernos edificios de oficinas “inteligentes”, una enfermedad leve denominada lipoatrofia semicircular. Su desarrollo y aumento de casos nos enseña la lección de que esos edificios son insanos y que el problema puede ir a mayores. Una vez construido y habitado uno de estos edificios es muy difícil desandar lo andado pero se deben al menos poner en marcha medidas correctoras para mejorar su habitabilidad, y por supuesto apostar por la denominada bioconstrucción o construcción ecológica que contempla todos estos factores.

Habla en reiteradas ocasiones de enfermedades inventadas. ¿Qué es una enfermedad inventada? ¿Una creación, una ensoñación del paciente, de los ciudadanos?

Durante los últimos lustros asistimos a la aparición en los medios de comunicación de enfermedades nuevas, nuevas denominaciones de síntomas que se confunden con enfermedad. Por ejemplo, la timidez está siendo diagnosticada como Fobia social para vender antidepresivos. Y el Síndrome de las Piernas Inquietas es un concepto nuevo para definir ciertos problemas neurológicos que padecen algunas personas pero se etiqueta así para abrir nuevos mercados y vender nuevos medicamentos neurolépticos. Son enfermedades que no existen y están promocionadas por laboratorios farmacéuticos. En el libro describo cómo se hace. Están apareciendo “enfermedades” como las que describe el DSM-IV, el libro sobre diagnóstico de patologías psíquicas que es la “Biblia” de los psiquiatras. El Trastorno Oposicionista Desafiente, que es la rebeldía de los niños o el Incumplimiento terapéutico, cuando un paciente decide no tomar su medicación, surrealista, ¿no? Pero cierto.

En este orden de cosas, ¿qué opina de las políticas preventivas y la información dada sobre la gripe A, sobre la gripe porcina?

Con la gripe A se ha repetido la campaña de marketing del miedo que ya se puso en marcha en la primera mitad de la década actual con la gripe aviar. Con similares actores y beneficiarios. Se cogen enfermedades leves y se crea alarma social para expandir la sensación de tensión y preocupación y que así la población “abrace” los tratamientos que ofrecen los mismos que crean esos temores. Esto no se hace de un día para otro. Para comprenderlo hay que entender las redes no conectadas entre sí de relaciones de influencia desarrolladas por la industria farmacéutica durante las últimas décadas. En eso consiste mi trabajo y La salud que viene es una parte.

Déjeme finalizar con una pegunta fuera de guión. Usted es alma y cuerpo de una página web muy consultada: www.migueljara.com ¿Qué pretende con ella? ¿Qué finalidades formativas y cívicas persigue con este trabajo?

Mi blog surgió a raíz de acumulárseme informaciones interesantes relacionadas con mis libros que no podía publicar con la necesaria rapidez. Es una manera de ofrecer estas informaciones, de elaboración propia, inéditas, provenientes de mis mejores fuentes y que sirven como complemento perfecto de mis libros. Es también un espacio de participación y de comunicación con mis lectores.
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martes, 3 de noviembre de 2009

EL CONTRATO NUESTRO DE CADA DÍA: YO ACEPTO.


Aunque habría que matizar algunas clausulas, pero globálmente dice verdades como robles. "No aceptar" individualmente es el primer paso para cambiar un sistema injusto, juntarse con otros "insumisos" y organizarse es el siguiente, actuar desde la radicalidad del amor y la noviolencia es la metodología. Coloco el texto completo más abajo.

Yo acepto
“Acepto” es un texto -publicado en 2003 para conmemorar el triste aniversario de los acontecimientos del 11 de septiembre- “altamente simbólico para la humanidad“. Este texto, que fue leído, entre otros, en la radio francesa NSEO.com , nos recuerda severamente el contrato social que aceptamos con prórroga. Un acuerdo tácito que firmamos cada mañana al despertar y simplemente no hacer nada . Algo más que una crítica social, en este breve texto se destacan los hechos resultantes de nuestra innegable predilección por la comodidad, la indiferencia y la marginación. Hecho por Amistad sobre la Tierra, el 11 de septiembre 2003. Un anónimo que envió el texto a NSEO para que fuese radiodifundido.

Poco importan nuestras creencias o nuestras ideas políticas, el sistema instituído reposa en el acuerdo tácito de un tipo de contrato aprobado por cada uno de nosotros que a grandes rasgos os expongo:

1) Acepto la competición como base de nuestro sistema, aunque tengo conciencia de que este funcionamiento genera frustración y cólera para la inmensa mayoría de los perdedores,

2) Acepto ser humillado o explotado a condición de que se me permita a mi, humillar o explotar al ocupante de un lugar inferior en la pirámide social,

3) Acepto la exclusión social de los marginados, de los inadaptados y de los débiles ya que considero que las competencias de la sociedad tienen sus límites,

4) Acepto remunerar a los bancos para que inviertan mi salario a su conveniencia, y que no me transfieran ningún dividendo de sus gigantescos beneficios (que servirán para desvalijar a los países pobres, lo que acepto implícitamente). Acepto también que me cobren fuertes comisiones para prestarme un dinero que no es otro que el de sus clientes,

5) Acepto que se congele y que se tiren toneladas de comida para que no se hundan los precios, antes que ofrecerlos a los necesitados y permitir a algunos centenares de miles de personas que no mueran de hambre cada año,

6) Acepto que me esté prohibido poner fin a mi vida rápidamente, en cambio tolero que se mate lentamente inhalando o introduciendo sustancias tóxicas autorizadas por los Estados Unidos,

7) Acepto que se haga la guerra para hacer reinar la paz. Acepto que en nombre de la paz, el primer gasto de los Estados Unidos sea el presupuesto para la defensa. Acepto, pues, que algunos conflictos estén creados artificialmente para vender las existencias de armas y hacer funcionar la economía mundial,

8 - Acepto la hegemonía del petróleo en nuestra economía, aunque se trate de una energía costosa y contaminante, y estoy de acuerdo para impedir toda tentativa de sustitución, si resulta que se descubre un medio gratuito e ilimitado de producción de energía,

9) Acepto que se condene el asesinato del prójimo, salvo si los Estados Unidos decretan que se trata de un enemigo y nos animan a matarlo,

10) Acepto que se divida a la opinión pública creando partidos de derecha e izquierda que pasarán su tiempo combatiéndose, dándome la impresión de hacer avanzar el sistema. Acepto, por otra parte, a toda clase de divisiones posibles, con tal de que me permitan concentrar mi cólera en los enemigos designados cuyo retrato será agitado delante de mis ojos,

11) Acepto que el poder de manipular la opinión pública, antes detentado por las religiones, esté hoy en las manos de especuladores no elegidos democráticamente y sean completamente libres de controlar los Estados, ya que estoy convencido del buen uso que harán de ello,

12) Acepto la idea que la felicidad que se resume en la comodidad, el amor al sexo, y la libertad de satisfacción de todos los deseos, ya que es lo que la publicidad me machaca todo el día.

Cuanto más infeliz sea, más consumiré: cumpliré con mi papel, contribuyendo al buen funcionamiento de nuestra economía,

13) Acepto que el valor de una persona se mida según el tamaño de su cuenta bancaria, que se aprecie su utilidad en función de su productividad más que de su calidad, y que se le excluya del sistema si no es lo bastante productiva,

14) Acepto que se pague desmesuradamente a los jugadores de fútbol o a los actores, y mucho menos a los maestros o a los médicos encargados de la educación y la salud de las generaciones futuras,

15) Acepto que se aparten de la sociedad a los ancianos cuya experiencia podría sernos útil, ya que siendo la civilización más evolucionada del planeta (y seguramente del Universo) sabemos que la experiencia no se comparte ni se transmite,

16) Acepto que todos los días se me muestren noticias negativas y terroríficas del mundo, para que pueda apreciar hasta qué punto nuestra situación es NORMAL y cuánto suerte tengo de vivir en occidente, sé que mantener el miedo en nuestros espíritus no puede ser mas que beneficioso para nosotros,

17) Acepto que industriales, militares y políticos se reúnan regularmente, sin consultarnos, para tomar decisiones que comprometen el futuro de la vida y el planeta,

18) Acepto consumir carne de vacuno tratada con hormonas sin que me sea advertido explícitamente. Acepto que la cultura de la OGM (manipulación genética) se extienda por todo el mundo, permitiendo así a las multinacionales del sector agroalimentario patentar seres vivos, lucrarse con los consiguientes dividendos y tener bajo su yugo a la agricultura mundial,

19) Acepto que los bancos internacionales presten dinero a los países que deseen armarse y matarse, y de elegir así a aquéllos que harán la guerra y a los que no la harán. Soy consciente de que es mejor financiar a los dos bandos en conflicto con el fin de ganar un dinero seguro, y hacer durar los conflictos el mayor tiempo posible con el fin de poder rapiñar completamente sus recursos si no pueden reembolsar los empréstitos,

20) Acepto que las multinacionales se abstengan de aplicar los progresos sociales de occidente en los países desfavorecidos.
Considerando que ya es una proeza el hacerlos trabajar, prefiero que
se utilicen las leyes vigentes en esos países que permiten hacer trabajar a los niños en condiciones precarias e inhumanas. En nombre de los derechos humanos y del ciudadano, no tenemos derecho de injerencia,

21) Acepto que los hombres políticos puedan ser de una honradez dudosa y a veces incluso corruptos, pienso por otra parte, que es normal habida cuenta de las fuertes presiones que sufren. Para la mayoría por el contrario, la tolerancia cero debe ser impuesta,

22) Acepto que los laboratorios farmacéuticos y los industriales del sector agroalimentario vendan en los países desfavorecidos productos caducados o utilicen sustancias cancerígenas prohibidas en occidente,

23) Acepto que el resto del planeta, es decir, cuatro mil millones de individuos, pueda pensar de manera diferente a condición de que no vengan a expresar sus creencias en mi casa, y menos aún a intentar explicar nuestra Historia con sus conceptos filosóficos primitivos,

24) Acepto la idea de que no existen más que dos posibilidades en la naturaleza, a saber: expulsar o ser expulsado. Y si estamos dotados de una conciencia y de una lengua, no es ciertamente para escapar a esta dualidad, sino para justificar porqué actuamos de este modo,

25) Acepto considerar nuestro pasado como una consecuencia ininterrumpida de conflictos, conspiraciones políticas y voluntades hegemónicas, pero sé que hoy todo esto no existe ya que estamos en el súmmum de nuestra evolución, y que las únicas normas por las que se regula nuestro mundo son la búsqueda de la felicidad y la libertad de todo el pueblo, como lo oímos sin cesar en nuestros discursos políticos,

26) Acepto sin discutir y considero como verdades todas las teorías propuestas para la explicación del misterio de nuestros orígenes. Y acepto que la naturaleza haya podido tardar millones de años para crear un ser humano cuyo único pasatiempo es la destrucción de su propia especie en cuestión de segundos,

27) Acepto la búsqueda del beneficio como objetivo supremo de la Humanidad, y la acumulación de riquezas como la meta de la vida humana,

28) Acepto la destrucción de los bosques y la parcial desaparición de peces de ríos y océanos. Acepto el aumento de la contaminación industrial y la dispersión de venenos químicos y elementos radioactivos en la naturaleza. Acepto la utilización de toda clase de aditivos químicos en mi alimentación, ya que estoy convencido de que si los ponen, es por que son útiles y carecen de peligro,

29) Acepto la guerra económica que atenaza el planeta, aunque sienta que nos lleva hacia una catástrofe sin precedentes,

30) Acepto esta situación, y admito que no puedo hacer nada para cambiarla o mejorarla,

31) Acepto ser tratado como ganado, ya que en resumidas cuentas, pienso que no valgo más,

32) Acepto no plantear ninguna pregunta, cerrar los ojos sobre todo esto, y de no formular ninguna verdadera oposición ya que estoy demasiado ocupado por mi vida y mis problemas. Hasta acepto defender a muerte este contrato si me lo piden,

33) Acepto pues, en mi alma y mi conciencia y definitivamente, esta triste realidad virtual que colocan delante de mis ojos para impedirme que vea la realidad de las cosas. Sé que actúan por mi bien y el de todos, y les estoy agradecido.

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lunes, 2 de noviembre de 2009

Marcel Légaut: de profesor universitario a campesino.



1. De universitario a campesino

Marcel Légaut (París, 1900 - Aviñón, 1990) fue doctor en matemáticas por la Escuela Normal Superior en 1925, y catedrático en diversas Facultades, entre ellas, Rennes y Lyon, hasta 1943. Movilizado en 1939 con el grado de teniente, su destino fue el mando de un batallón antiaéreo de quinientos hombres. A causa de su dificultad para el mando directo, se le destinó después al Estado Mayor del 3er Ejército del Aire. En ambos destinos Légaut constató la desmoralización de la tropa y de los oficiales, así como las carencias de su propio carácter, efecto, en parte, de las carencias de su formación, lo cual puso en marcha un cambio fundamental en su vida.

Dispuesto a afrontar sus propias carencias como adulto (falta de capacidad de riesgo y de decisión, con la consiguiente falta de autoridad moral en el mando), Légaut, al terminar la guerra, decidió no volver a enseñar ni a vivir como antes. Por eso, tras la capitulación de 1940, logró alternar, él y sus alumnos, el estudio de las matemáticas y el trabajo campesino, gracias a que el primer gobierno de Vichy toleró el proyecto… pero sólo por tres años. En 1943, Légaut decidió abandonar la Universidad, colgar los libros, dejar de ser catedrático y continuar, con su mujer, en Les Granges de Lèsches-en-Diois, trabajando como pastor de alta montaña.

Légaut se había casado en 1940 y la pareja había comprado un viejo caserío abandonado, situado a mil metros de altura, en los pre-Alpes (Alto Diois), lejos de las grandes vías de comunicación, cuyas casas empezó a restaurar con sus alumnos. Durante los años de Ocupación, hasta diecisiete personas vivieron y se refugiaron allí, entre ellos algunos judíos. Al terminar la guerra, el matrimonio Légaut se quedó solo de nuevo y, entre 1945 y 1953, nacieron sus seis hijos, dos chicas y cuatro chicos. Cuando el mayor cumplió diez años, Mme. Marguerite Légaut bajó a vivir cerca de Die, en Val-Croissant, para que fuesen a la escuela, mientras Légaut permanecía en Les Granges con el rebaño, durante el año escolar.

2. De campesino a escritor

En 1960, veinte años después esta "vuelta a la tierra", de este "descenso sin retorno" en la escala social, con su correspondiente arraigo en la vida común, Légaut emprendió una reflexión a fondo para poner en claro sus ideas sobre la condición y la existencia del ser humano, así como para retomar desde la base su cristianismo. Fruto de esta reflexión, fueron, primero, algunas charlas y algunas conferencias ocasionales; luego, un librito, Trabajo de la fe (1962), y, por último, los dos tomos de L'Accomplissement humain (el cumplimiento humano; entendiendo este cumplimiento no en un sentido moral sino de realización), que se publicaron por separado en 1970 y 1971, gracias a la insistencia de Gabriel Marcel ante el editor M. F. Aubier, quien editó primero el segundo tomo y luego el primero, por razones comerciales. Tomo I, El hombre en busca de su humanidad, tomo II, Introducción a la inteligencia del pasado y del porvenir del cristianismo.
Los dos libros tuvieron un éxito inesperado pese a su dificultad y extensión. Después del Concilio Vaticano II y del mayo del 68, el testimonio de un profesor, antiguo "normalien" convertido en campesino, llamó la atención. Entonces, la vida de Légaut cambió de nuevo. Salió del retiro de su granja y viajó por media Francia y por otros países (Suiza, Bélgica, Italia, España, Canadá), allí donde le invitaban sus lectores, que querían comentar con él sus libros.

Légaut pasaba casi medio año fuera de Les Granges o de Val-Croissant, donde siguió viviendo su familia. Aparte de los viajes, reservaba un mes para retirarse en soledad; primero, en alguna cartuja o trapa, y luego en el carmelo femenino de la Paix, en Mazille, cerca de Cluny y de Taizé. Los veranos, los pasaba en La Magnanerie de Mirmande, un viejo caserón que el grupo de los amigos de los veranos en Les Granges adquirió y habilitó para compartir, durante las vacaciones, una búsqueda espiritual e intelectual de corte completamente laico, cuyas raíces, como veremos, provenían de los años veinte.

Más información y vídeos en www.marcellegaut.org
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