viernes, 18 de marzo de 2011

DOCUMENTAL JANADESH Y PRESENTACIÓN CAMPAÑA JANSATYAGRAHA EN ALBACETE


Jueves 31 de marzo a las 19h. Salón de Actos de la Diputación Provincial de Albacete.
Proyección del documental “Marcha de Janadesh 2007” y presentación de la Campaña Jansatyagraha 2012 a través de una charla-coloquio, a cargo de Michel Ferré, secretario de la Asociación Gandhi Internacional y del Movimiento del Arca de Lanza del Vasto en España.
Organizan: AMARE (Asoc. Del Movimiento del Arca de Lanza del Vasto en España) y el Instituto de Salud y Conciencia de Albacete.
Con la colaboración de la Excma. Diputación Provincial de Albacete.

De JANADESH 2007 a JANSATYAGRAHA 2012 (“la Marcha noviolenta por la Justicia”)

Como buen discípulo de Gandhi, Rajagopal organiza marchas pacíficas. La más importante de ellas tuvo lugar en octubre de 2007. En ella 25.000 personas marcharon, con una disciplina ejemplar, durante un mes, recorriendo los 350 kilómetros que unen Gwalior y Delhi, para forzar al gobierno a reconocer su derecho a la tierra, al agua y al bosque. Los resultados más significativos de esta acción, llamada Janadesh (Veredicto del Pueblo), son la adopción de una ley forestal que protege a las poblaciones indígenas; la creación de un comité nacional para la reforma agraria, y la distribución de tierras a decenas de miles de cultivadores. Janadesh también intensificó la formación de miles de jóvenes del campo a la acción noviolenta; la emancipación de las mujeres, y la formación de animadores sociales y de líderes “descalzos”. Pero mucho queda aún por hacer.

Gandhi acuñó el término “satyagraha” para designar la fuerza de la acción justa que se desprende de la verdad. La próxima marcha, prevista del 2 de octubre de 2011 al 2 de octubre de 2012 se compondrá de 100.000 personas en la última etapa. Su nombre es Jan Satyagraha, Marcha Noviolenta por la Justicia. El coste de la formación, preparación, organización y realización asciende a 2 millones de euros en tres años. A título de comparación, Janadesh 2007 costó un millón de euros reunidos la mitad en la India y la otra mitad gracias a la solidaridad internacional.
La mitad de los habitantes de la Tierra son agricultores. De ellos, las tres cuartas partes trabajan únicamente con las manos. Uno de los mayores retos del desarrollo sostenible es asegurar a estos campesinos las condiciones necesarias para que sigan en sus campos y puedan vivir dignamente de los frutos de su trabajo. Más allá de la India, que cuenta con un 70% de agricultores, este es un reto a nivel de todo el planeta: la convivencia armoniosa de todos sus habitantes; ciudades habitables; una agricultura respetuosa con el entorno; un reparto equitativo de la riqueza; una economía local y, finalmente, conseguir que la violencia no sea la única alternativa de millones de pobres, hambrientos, expoliados y desplazados que no tienen ya nada que perder frente a un modelo económico en el que no tienen sitio.
En este siglo XXI más de mil millones de personas están subalimentadas; un ser humano muere de hambre cada cuatro segundos, es decir 25.000 al día (datos de la FAO en 2008).
En sus recomendaciones, publicadas en 2008, la FAO reconoce que para resolver la crisis alimentaria mundial en aumento, es necesaria una nueva orientación de la agricultura, dando prioridad a prácticas ecológicas, a la sabiduría local y al rol preponderante de la mujer. El derecho a la tierra, al agua y a los bosques es la etapa preliminar en ese camino hacia la soberanía alimentaria.
Antecedentes

En la India, en octubre de 2007, tuvo lugar una Marcha de 25000 personas llamada Janadesh (eso significa “el veredicto del pueblo”), organizada por el movimiento Ekta Parishad (“foro de la unidad").
En 1991, Rajagopal crea Ekta Parishad, un movimiento que federa a 380 organizaciones locales de los sin-voz y sin-tierra en la India. Hoy día, Ekta Parishad cuenta con más de un millón de simpatizantes.
Esta es una organización noviolenta que lucha por el derecho a los recursos naturales- tierra, bosques, agua- de los más desposeídos en la India. Organiza, forma y emancipa a las personas y comunidades más desfavorecidas.
“De una forma suave, nosotros podemos sacudir al mundo” (Mahatma Gandhi).


Rajagopal, presidente fundador de Ekta Parishad

Discípulo de Gandhi, natural de Kerala y bailarín famoso de Khatakali, Rajagopal deja la escena a los veinte años para hacerse ingeniero agrónomo.
Descubre, en un viaje tras los pasos de Gandhi, los estragos que pueden hacer la modernización y la industrialización salvajes: “Toda una capa de la sociedad está marginada; los campesinos son arrojados de sus tierras, sin ninguna compensación, por las multinacionales, la agricultura intensiva y el aumento de las zonas edificadas. Los tribales, esos aborígenes que fueron los primeros habitantes de la India, deben dejar sus bosques ancestrales, expulsados por un gobierno que prefiere explotar los recursos de madera y minerales o crear parques naturales para los turistas”.
Si Gandhi movilizó la inmensa fuerza de la noviolencia para obtener la independencia de la India, Rajagopal canaliza en la actualidad esta fuerza para promover la justicia social. El objetivo principal es que las familias campesinas y tribales puedan vivir dignamente de sus actividades agrícolas y tradicionales, en lugar de tener que emigrar a los centros urbanos, donde van a engrosar unos suburbios gigantescos e insalubres.
Estos diez últimos años en la India, 150.000 campesinos se han suicidado agobiados por las deudas contraídas en la adquisición de abonos, pesticidas y semillas que no cumplieron las expectativas de prosperidad puestas en ellos.
Visión

Ekta Parishad cree que la aplicación de los principios gandhianos hará de la India un país en el cual:
- Todos se beneficiarán de un acceso equitativo y garantizado a la tierra, al bosque y al agua;
- todos los pueblos -independientemente de su origen o de su casta- podrán vivir dignamente y acceder a la propiedad de la tierra;
- la reforma agraria y un modelo de desarrollo que incluya a los más pobres protegerán los derechos de todos los ciudadanos, del primero al último.

Principios básicos

- Actuar según la verdad y la noviolencia en todas las circunstancias.
- Generar cambios sociales, económicos y políticos para beneficio de la mayoría y de los más pobres.
- Apoyar el buen gobierno local y tradicional y reforzar la autonomía local.
- Formar, organizar y movilizar a las comunidades marginadas para que sean capaces de defender sus derechos y tomar las riendas de su destino.
- Estimular y apoyar a nivel local, regional y nacional, un gobierno responsable que tenga en cuenta a todos los ciudadanos desde la base.
- Promover la inclusión del derecho a la tierra, al agua y a los bosques, y una distribución equitativa de los recursos naturales, en los programas de desarrollo nacionales e internacionales.

Algunas acciones previstas en Europa

- Campañas y sesiones de información
- Recaudación de fondos/donaciones/apadrinamientos
- Patrocinios/colaboraciones
- Campañas de cartas dirigidas a las autoridades indias
- Recogida de huellas de pies (participantes simbólicos en la marcha)
- Acciones y marchas solidarias en distintos países y continentes
- Participación en Jan Satyagraha 2012 (la Marcha No-violenta por la Justicia) que se compondrá, en su última etapa, de 100.000 personas, de la India y del extranjero.

Información
Ekta Parishad: www.ektaparishad.com
Ekta Europe (red europea de apoyo): http://www.ektaeurope.org/
Ekta Parishad edita un boletín de información mensual en francés y en inglés que se puede recibir gratuitamente, por mail. Inscripción en el sitio www.ektaparishad.com
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martes, 8 de marzo de 2011

SOBRE EL DECRECIMIENTO Y OTRAS CUESTIONES

Alfred. La Longuera. Elche de la Sierra. Albacete.
Hoy ha amanecido nublado y lloviendo en La Longuera, lo que me ha permitido dedicar un ratillo a trabajos más intelectuales y formadores de conciencia (y espero que de acción).
Leyendo en una web de mi interés  (http://www.decrecimiento.info/) un extenso, documentado e interesante artículo sobre las crisis que vivimos me he decidiod a compartir con todos los que no tengáis ganas de leerlo completo, las conclusiones finales del autor. A continuación os las copio.
Además os coloco también un vídeo (http://vimeo.com/18161854) que me ha parecido (quizás por la temática y por el contexto) más que interesante. Los que sabéis de vocación agrícola y rural sé que me entenderéis. Si podéis, no dejéis de ver los primeros 15 minutos del mismo y el final.

Una Granja para el Futuro from Horatiux on Vimeo.
Un abrazo con cariño,

Algunas conclusiones básicas sobre el decrecimiento y la crisis energética:

1. Los bancos tiene que seguir (son imprescindibles como mecanismos de intercambio de bienes y servicios en una sociedad compleja), pero tendrán que organizarse para prestar sin intereses y no obtener beneficios, sino simplemente cobrar modestamente para pagar a sus empleados, que podrían ser la décima parte que los que ahora tratan de ganar clientes en cada esquina del país. Eso significará, con seguridad, la nacionalización de las entidades privadas y una banca pública y de interés común.
2. Las bolsas de valores, en consecuencia, deberán cerrar, porque sólo ha servido para catapultar aún más el crecimiento exponencial e ilimitado y, con ello, para transformar aceleradamente la naturaleza (el mito del “progreso” y del “desarrollo”, aunque fuese hacia la nada o hacia el agotamiento acelerado del capital natural y de los limitados recursos de la biosfera). A estas alturas, está claro que han sido el paradigma de la concentración de enormes cantidades de recursos en manos de muy pocos, derrochados en beneficio de esos pocos, y no han dotado a la mayoría de la humanidad de ventaja alguna. Por el contrario, en apenas 200 años han provocado una explotación salvaje de la naturaleza y han acabado con una sostenibilidad del medio que había durado millones de años.

3. La acumulación de dinero, valores, productos financieros e incluso propiedades físicas tiene que estar limitada por individuo. No se puede seguir apelando por más tiempo a que si no, “se coarta” la iniciativa privada. La acumulación de los resultados de una cosecha por un agricultor para todo un año es racional y proporciona mayor resistencia a la adversidad que la acumulación que hoy tienen miles de millones de desposeídos y hacinados habitantes de las grandes urbes, tan alienados que creen vivir en el mejor de los mundos posibles, porque están rodeados de modernos y evolucionados aparatos. La acumulación del agricultor preindustrial, de carácter anual o por cosecha, tiene una lógica. Poco más se debería poder acumular y menos en manos de un individuo o entidad privada. Los alimentos y la energía, el vestido básico, la vivienda mínimamente digna, la sanidad y la educación básica no deberían ser objeto de enriquecimiento privado.

4. El dinero, por lo tanto, tiene que cambiar de valor y paradigma. Sólo se podrá emitir el dinero que corresponda a bienes físicos reales (valorándose éstos en horas equivalentes de esfuerzo humano, es decir, de coste energético embebido en ellos y, así, personas como Bill Gates o Emilio Botín jamás podrán acumular patrimonios de tantos miles de millones de dólares o euros y, encima presumir de que están “creando valor” u ofreciendo bienestar y empleo (el mito del empleo) a miles de conciudadanos. Eso, no hay que engañarse, exigirá una caída del nivel de vida actual de los países occidentales de entre el 50% y el 90% del actual. Muy doloroso, pero o se hace voluntaria y conscientemente o la Naturaleza y las guerras por los recursos nos colocarán quizá en un umbral más bajo de equilibrio. Es algo tan sencillo como brutal. Los datos están ahí. No podemos engañarnos.

5. La producción de bienes deberá acoplarse a la disponibilidad menguante de la energía que los puede poner a disposición de la sociedad. Se acabó el crecimiento infinito, pues no va a haber cada vez más energía, sino menos. Esto no será posible si antes no se elimina la obligación de pagar intereses por el dinero tomado en préstamo (punto 1). Se acabaron los proyectos faraónicos y las absurdas obras de absurdos constructores; la construcción de más autovías, de más coches, de más, más, más… de todo. Ahora, la menguante energía se deberá dedicar a mantener en pie, dentro de lo posible las infraestructuras esenciales (el turismo, la aviación mundial, los deportes profesionales, la publicidad y un largo etcétera no lo son): la obtención y procura de alimentos básicos para la población mundial; la reposición, renovación o mantenimiento de conductos de agua, desagües; los oleoductos, refinerías, puertos modestos, vías férreas, líneas eléctricas, embalses, cuidado de campos de cultivo, reforestaciones, recuperación de lugares contaminados en lo posible, vuelta ordenada (en lo posible) al campo y a ciudades más pequeñas, de dimensiones humanas, intercambios de bienes reducidos a su mínima expresión (una grandísima parte del gigantesco comercio internacional inútil, derrochador y consumista, etc. etc.).

6. Y para los puntos 4 y 5 hay que contar con que el 80% de la población humana consume ahora apenas el 20% de los bienes y la energía producida. Si se adoptan claramente los pasos anteriores, a empezar por los países que más tienen, quizá los pobres del mundo entiendan que los que vivimos en países ricos y opulentos tenemos voluntad de cambiar. Si no, van a estallar (ya están estallando) de forma incontrolable (por muy “terroristas” o “Estados fallidos” que los llamemos) y, entonces, sus bienes (que ahora explotamos principalmente los occidentales de forma inmisericorde) no serán quizá para ellos, pero desde luego, tampoco para nosotros, privilegiados ciudadanos del Occidente desarrollado. Esto sería el verdadero internacionalismo proletario y no lo que hacen las organizaciones sindicales y algunos partidos supuestamente de izquierdas, radicados en los países occidentales.
Color del texto
Hay mucho más por sugerir. Pero dejo a la imaginación de los lectores la tarea de ampliar a este breviario.

Llegan tiempos de prueba. Incluso habrá que recordar a esos creyentes cristianos, que ya duermen tranquilos porque no hay que perdonar las deudas, que aún sigue vigente aquella parte del Evangelio de Mateo (19, 16-22): “Luego se le acercó un hombre y le preguntó: ‘Maestro, ¿qué obras buenas debo hacer para conseguir la Vida eterna?’ Jesús le dijo: ‘¿Cómo me preguntas acerca de lo que es bueno? Uno solo es el Bueno. Si quieres entrar en la Vida eterna, cumple los Mandamientos’. ‘¿Cuáles?’, preguntó el hombre. Jesús le respondió: ‘No matarás, no cometerás adulterio, no robarás, no darás falso testimonio, honrarás a tu padre y a tu madre, y amarás a tu prójimo como a ti mismo’. El joven dijo: ‘Todo esto lo he cumplido: ¿qué me queda por hacer?’ ‘Si quieres ser perfecto’, le dijo Jesús, ‘ve, vende todo lo que tienes y dalo a los pobres: así tendrás un tesoro en el cielo. Después, ven y sígueme’ Al oír estas palabras, el joven se retiró entristecido, porque poseía muchos bienes.”

Hoy somos en Occidente inmensamente ricos en disponibilidad de energía y no basta con cumplir los mandamientos de Al Gore y desenchufar el cargador del móvil por las noches o comprar un coche híbrido o reciclar las basuras. Hoy la exigencia de justicia y una mejor distribución de los bienes, en un medio que se quiera mínimamente sostenible, exige entregar la riqueza energética, deponer el derroche energético para ser perfecto.

Pero mucho me temo que la mayoría de los occidentales se alejarían entristecidos y que, en vez de abandonar voluntariamente su consumista modo de vida, podría pasar un camello por el ojo de una aguja. Es más, todo parece apuntar a que muchos serían incluso capaces de matar o alistarse en algún banderín de enganche, para asegurar que el atún rojo de las costas de Somalía siga llegando a nosotros sin ningún percance.

Si la disponibilidad energética empieza a escasear y a declinar de forma irreversible, no sólo no se podrá crecer económicamente, sino que será necesario decrecer. Y el decrecimiento económico, por primera vez en la historia de la humanidad a escala planetaria (Non Plus Ultra), como hemos visto, hará colapsar el sistema financiero, tal y como lo conocemos, esto es, ese sistema que siempre exige recoger más papeles que los que siembra y premia y glorifica al que sabe explotar más que nadie en menos tiempo que nadie.

Madrid, mayo de 2009.
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viernes, 4 de marzo de 2011

MICHAEL WADLEIGH; GANADOR DEL OSCAR EN 1969 POR SU DOCUMENTAL 'WOODSTOCK'

"Mucho Twitter, mucho Facebook y nada que decir"
Victor-M Amela, Ima Sanchís, Lluís Amiguet
Amo mis 70 años, porque me permitieron vivir en los 60: la década de mayor creatividad y progreso de las conciencias del siglo. Nací en Ohio: mis padres fueron activistas sociales y yo hoy sigo luchando por mejorar el mundo. Mi madre enseñaba a los 92. Colaboro con EADA.

¿Y si vuelven los 60?
Michael va con su Oscar del 69 a todos lados. Lo tiene hasta desgastado por el roce. Me lo deja coger... ¡y pesa mucho! Enseguida viene un camarero a pedírselo, "que el jefe lo quiere ver", y él se lo presta complacido. Wadleigh va vestido como los hippies de su filme, pero cree tanto en su época que a él no le queda postizo. Le pregunto si no vive un poco congelado en los 60. Y no se mosquea. ¡Bien! Al contrario, responde encantado que sí. Tal vez Michael no idealice la década sólo porque él entonces era joven. Quizá aquellos años sucedió algo que no ha muerto; que sólo está dormido. Cualquier tiempo pasado fue anterior, pero igual un día de estos se nos despiertan los sesenta. Fíjense en los árabes.


Cómo empezó a hacer cine?
Ahhhh... ¡Qué pregunta más aburrida y previsible! ¡Motíveme, hombre! Provóqueme o aquí nos vamos a dormir todos. ...

 ¿Cuántos años tiene, Michael?
...¡Vaya! Eres un tío duro.

 ¿Cuántos años dice que tiene...?
Esto... Cerca de 70. Nací en el 42, en Ohio.

 ¿Maduramos o sólo envejecemos?
Buena pregunta. Yo amo todos mis años.

¿Por qué?
Porque gracias a mi edad pude ser joven en los sesenta, la década de mayor creatividad, transformación y progreso del siglo.
...
Conocí y traté a Luther King y experimenté la revolución de las conciencias de Gandhi. Viví un momento en el que los mayores talentos del siglo competían y cooperaban para lograr componer la mejor música. Y no lo hacían sólo por vender más discos ni ganar más dinero ni ser los más de nada, sino por el puro placer de crear y compartirlo.

¿Tan triste le parece lo que vivimos?
Hoy, como mucho, cambian a veces los políticos, pero ni siquiera las políticas, y menos aún se plantea nadie cambiar conciencias.

¿Los 60 no fueron un poco iluminados?
Al contrario, fueron mucho más realistas. En los sesenta nos dimos cuenta de que ganar más y más dinero y consumir más y más hasta agotar todos los recursos disponibles era entonces –y es hoy– muy poco realista.

¿Qué ha cambiado?
Que si hoy dices lo obvio eres un peligroso idealista fuera de toda lógica.

¿Cuál es la lógica de nuestros días?
Sólo importa lo cuantificable: las cifras, porque son inmediatamente transformables en resultados: en una cantidad de dinero y con él se mide el éxito o fracaso. Todo lo que no se puede medir en dinero está fuera de esa competición que todo el mundo cree correr.

¿Y en los sesenta no importaba la pasta?
¡La guitarra de Jimi Hendrix!

El mejor: no se lo discuto.
Pero no por su guitarra. Se han invertido fortunas en mejorar las guitarras eléctricas desde entonces, pero nadie ha vuelto a tocar como él. El progreso no está en la guitarra sino en el modo de tocarla y en las conciencias de quienes la escuchan.

Eso es más difícil de cuantificar que las ventas de un disco.
La ignorancia del público se cultiva haciéndoles creer que mejorar la música es tener guitarras más potentes, que avanzar es tener un coche más rápido y comunicarse, pasarse la vida ante una pantalla: mucho Twitter; mucho Facebook... Y nada que decir.

Yo veo jóvenes inteligentes y capaces.
Son magníficos, buena gente, pero no cuestionan nada: creen que lo que hay es lo único y se conforman con ser uno más dentro de ese triste posible. Su reto sólo es ganar más. En los sesenta, la clase media se autoanalizó y lo que vio no le gustó y puso el mundo entero patas arriba, pero desde dentro, desde las conciencias. Por eso adoro tener 70 años, porque me permitieron vivir aquello.

¿Puedo preguntarle ahora cómo llegó a filmar el documental 'Woodstock'?
Mis padres eran maestros de escuela: lucharon por los derechos civiles en el sur. Yo estudié Medicina en Columbia para ser útil, pero también tenía una Harley...

Gran motocicleta.
...E iba al Apollo en Harlem a escuchar música negra. Así conocí a quienes hicieron posible mi documental. Woodstock fue el lugar donde en 1911 se fundó el Partido Comunista de Estados Unidos, un sitio vinculado a la lucha por la igualdad: el lugar donde los estudiantes y los obreros confraternizaron, se dieron la mano y cambiaron la historia.

Hoy aquí coinciden en la cola del paro.
En mi documental, entre Joan Baez, Bob Dylan, Pete Seeger o el gran Hendrix, también aparece de repente el que limpia los váteres del concierto de Woodstock...

Ningún trabajo es menos que otro.
Era el hombre que sacaba la mierda de los niños que ven el concierto. Pues bien, ese señor sonríe a la cámara con naturalidad y explica lo contento que está de sentirse útil.

Me gustaría haberle conocido.
Era sincero. Y nos cuenta que tiene un hijo pacifista allí, escuchando el concierto, y otro hijo soldado combatiendo en Vietnam, en un escuadrón de helicópteros. ¡Y la gente al oírlo se levanta y aplaude! Porque ese tipo hace un trabajo que ellos no harían jamás...

Nunca digas este váter no limpiaré...
Y, en cambio, es feliz al hacerlo, es útil; mucho más que los millonarios, los políticos y los militares preocupados tan sólo por seguir siendo poderosos; esos que han enviado a su hijo a Vietnam y ahora llaman delincuente y aporrean a su otro hijo pacifista.

¿Es la mejor escena de 'Woodstock'?
Aparece también un joven hermoso con una larga barba rubia contando que es hijo de inmigrantes europeos que llegaron a América para tener un coche y una casa y a él enviarlo a la universidad. ¡Triunfaron!
...
Y él se pregunta ahora si triunfar es esto: acumular, guerrear, dominar... Y dice que va a repensarse lo que es triunfar. Y concluye que para él triunfar es ser humano.

¿Qué hizo usted tras Woodstock?
Me fui a Hollywood aupado por el Oscar, pero allí convirtieron mi trabajo en una farsa comercial. Lo abandoné para dedicarme a ayudar a los demás en África y Asia con mi chica, Brigitte. Soy útil, un ganador, porque no deseo más de lo que tengo.
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martes, 1 de marzo de 2011

CRECIMIENTO PERSONAL Y COMPROMISO SOCIAL


Enrique Martínez Lozano
www.enriquemartinezlozano.com 

Cuando, desde El Correo de PRH, me dijeron que querían publicar el texto de una conferencia que, con el título de “Crecimiento personal y compromiso social”, ofrecí en el año 1999, sentí que debía revisarlo y actualizarlo. Aquel texto revisado es el que ofrezco en estas páginas.
Con frecuencia, tendemos a ver la realidad en compartimentos estancos. Ello hace que realidades complementarias lleguen a percibirse, en ocasiones, como opuestas o incluso excluyentes. Es lo que a veces ocurre cuando se habla de “crecimiento personal” y de “compromiso social”. Lo que intento aquí es ofrecer algunas pistas que nos ayuden a puntualizar lo que entendemos bajo ambos conceptos, para ser más conscientes del modo cómo se reclaman mutuamente en la persona que avanza hacia la madurez.

 1. Una primera objeción

Una de las objeciones más frecuentes que se suele hacer a cualquier proceso de formación personal es que encierra a la persona en un narcisismo, que la lleva a vivirse egocentrada, únicamente preocupada por ella misma (y “su” crecimiento).
Es cierto que este riesgo existe. Se puede constatar un modo de vivir la formación en el que la persona está interminablemente “girando sobre sí misma”; donde escasamente se tiene en cuenta la realidad exterior; donde la formación se convierte en un refugio, en un “calmante” de malestares o incluso en un pretexto para satisfacer el propio orgullo neurótico... En definitiva, más que para crecer en solidez, calidad de relaciones y despliegue hacia los otros, se usa para un “sí mismo” infecundo y estéril, sin salida a la vida.
Se ha perdido, entonces, el objetivo de la formación, y el objetivo de la vida: llegar a ser uno mismo, es decir, vivir en coherencia consigo y con la mayor plenitud posible -de acuerdo con quien se es de fondo- y, desde ahí, afrontar las dificultades -entre las que aparecerá, sin duda, la propia tendencia a la “instalación” cómoda-, para desplegarse en un eficaz actuar social.
Ese riesgo acecha tanto más cuanto la persona -en un afán legítimo de sentirse bien- puede llegar a creer -inconscientemente- que “crecer” significa “estar bien sensiblemente”. Cuando eso se da, no es extraño que se estanque en aquella búsqueda de “estar bien”, esperando que la formación le proporcione ese estado en el que nada se mueve a nivel sensible..., en lugar de ser más ella misma, en las diferentes circunstancias que le presente la vida. En esta perspectiva, es normal que la formación personal se desvirtúe de contenido, entretenga y empobrezca a la persona, aumentando el riesgo de que se instale en una actitud individualista e infantil..., justamente lo contrario de lo que cualquier “formación personal”, que merezca ese nombre, pretende conseguir.


2. Qué entendemos por “crecimiento personal”

Comencemos diciendo que hablar de “crecimiento” es hablar de algo natural: todo ser vivo siente “gusto” en crecer. Y si no crece, muere. Centrándonos en el ser humano -como ser que puede cooperar activamente en su propio proceso de crecimiento-, dicho fenómeno implica varias dimensiones. Se trata de crecer en:

Lucidez: conocimiento de mí que es consciencia de quién soy, de lo que vivo, de mis reacciones, de mi historia..., que me permite vivirme más cercano a mí mismo, comprenderme, y vivir en coherencia conmigo y en fidelidad a lo que soy de fondo. Aquí radica la importancia capital del aforismo antiguo, principio de toda sabiduría: “Conócete a ti mismo”. Se trata de un conocimiento para la vida; aporta confianza, seguridad, “despliegue” de las propias capacidades: mal podré ser yo mismo si no sé quién soy. Es un conocimiento al que tenemos acceso a través de nuestras sensaciones; de ahí, la importancia de abrirnos al mundo de nuestros sentimientos, y aprender a descifrarlos para así avanzar progresivamente en el descubrimiento de nuestra verdad.
Solidez: capacidad de “hacer pie” en sí mismo, a partir de un sentimiento de consistencia interior que nos hace capaces de afrontar la vida desde quienes somos en profundidad: pasamos de ser esclavos de nuestros miedos y necesidades a ser personas erguidas en su dignidad. Crecemos en esta solidez, en la medida en que conocemos quiénes somos y actuamos de acuerdo con ello.

Madurez afectiva: en la línea de avanzar y desarrollar la capacidad de amar, de vivir un amor libre y gratuito, curando la necesidad enfermiza de ser amados. También aquí, el trabajo consiste en pasar del “niño”, como pura necesidad, al “adulto”, como capacidad de vivir las relaciones en libertad y proximidad: eso es la autonomía; la valoración, el respeto, la ayuda al otro...

A medida que avanza en este proceso, el sujeto va experimentando una plenitud de existencia accesible. Va descubriendo que “lo que colma de verdad a la persona es:

- sentirse existir en lo mejor de ella misma,

- percibir el sentido profundo de su existencia,

- sentir su lazo con la Trascendencia,

- progresar en la actualización de su ′actuar esencial′,

- sentir que contribuye, en su modesto lugar, al avance de la humanidad.

Dicho de otro modo, lo que colma es crecer y favorecer el crecimiento”[2].

Visto así, queda claro que el crecimiento es la condición de posibilidad para que las personas puedan vivir lo que son y desplegar todas las capacidades que portan, con lo que “ser uno mismo” y “vivir la mayor eficacia social a favor de los demás” no sólo no son aspectos contradictorios, sino estrictamente coincidentes, ya que el no despliegue de mis capacidades equivale a no ser yo mismo.

Visto así, finalmente, puede afirmarse que “el crecimiento de las personas es el valor número uno de una sociedad humana”[3]. Con una consecuencia comprometedora: dar a cada persona las oportunidades de llegar a ser ella misma, desplegando “la increíble riqueza de ese yacimiento de potencialidades y de creatividad” que cada una porta.


3. Un crecimiento que implica compromiso social

Podemos entender por “compromiso social” la actitud -y los comportamientos y/o acciones que derivan de ella- en favor de una mayor humanización de la sociedad, tanto a nivel de estructuras -promoviendo un cambio hacia una sociedad más acorde con la dignidad de las personas-, como a nivel de ayuda personal -facilitando en cada caso que las personas puedan vivirse cada vez más en coherencia con ellas mismas-.

A partir de aquí, creo que puede hacerse una doble puntualización:

· Toda persona, en lo más profundo de sí misma, es capacidad de apertura y donación a los demás. Puede afirmarse que el amor gratuito pertenece al núcleo mismo del ser persona, que la lleva a querer el bien de todos; más aún, a experimentar la unidad que somos con todo. Por lo tanto, a mayor emergencia de ese núcleo profundo, mayor compromiso a favor de las personas y de la humanización de la sociedad. Dicho al revés: el no compromiso cuestionaría fuertemente lo que pudiera presentarse como “crecimiento personal”, por lo que habría que sospechar de cualquier proceso de crecimiento que olvidara la dimensión social. También en este campo, la acción a favor de los otros constituye el test más adecuado para verificar la verdad y el ajuste de cualquier camino de crecimiento. Todo trabajo psicológico ha de favorecer que se desplieguen capacidades desconocidas, dormidas o bloqueadas, que conducen al compromiso social. Compromiso que brota espontáneo en cuanto la persona conecta con ese “núcleo profundo” de su identidad, precisamente porque ese núcleo es “donación”.

Si no se da ese compromiso por los otros, ¿a qué puede deberse? Ya he hecho alusión antes a la “trampa” de vivir la formación de un modo egocéntrico. Más en general, creo que puede afirmarse que la no vivencia de ese compromiso puede deberse a la poca consciencia y apertura a ese núcleo real que lleva cada persona -poca consciencia, que suele ir acompañada de un predominio de necesidades sensibles-. Si la persona no está atenta, o no va haciendo un trabajo sobre sí misma para liberarse progresivamente de todo aquello -miedos y necesidades- que puede “atarla” en su interior, no sería de extrañar que permaneciera replegada sobre sí misma..., viviéndose –sobreviviendo- en la superficie, a distancia de sí. Una vez más, parece que también puede aplicarse en este campo aquello de que “la distancia que me separa de los demás es la misma que la que me separa de lo mejor de mí”. Cualquiera podrá afirmar, desde su propia experiencia, que, cuanto más cercano está a lo mejor de sí, más cercanas siente a las personas, más unido, solidario y comprometido de siente y se vive con todo ser humano.

4. Resistencias y trampas en ambos frentes

Tanto el trabajo de crecimiento como el compromiso social se encuentran con resistencias y trampas.

Por lo que se refiere al primero, las trampas que lo acechan parecen ser la búsqueda de un bienestar sensible como meta última, en un narcisismo especialmente reforzado en nuestro medio cultural; y la autojustificación, que lleva a creer que el hecho de “trabajarse psicológicamente” ya hace ser “persona madura”, con lo que no se consigue sino autoafirmar y reforzar el ego.

Pero el trabajo de crecimiento no sólo conoce trampas, sino que encuentra también resistencias. No pocas personas son frenadas ante un trabajo de ese tipo por miedos más o menos inconscientes: miedo a crecer, cuando no se han “resuelto” adecuadamente los estadios anteriores; miedo a vivir, cuando, por la propia historia psicológica, se lo ha identificado con “sufrir”; miedo al propio mundo interior, cuando se ha crecido en algún sentimiento de indignidad o vergüenza; miedo al vacío, padecido incluso aunque no haya sido nombrado…

Por su parte, también el compromiso social conoce trampas: puede nacer del voluntarismo y encubrir una necesidad de autoafirmación narcisista; puede camuflar la necesidad desproporcionada de reconocimiento, desde una búsqueda de valoración que genera dependencias afectivas; puede vivirse, inconscientemente, como una compensación de vacíos o incluso como “tapadera” de culpabilidades antiguas. Todas las trampas tienen en común el hecho de que impiden que el compromiso nazca de la gratuidad.

Y también aquí, constatamos resistencias más o menos arraigadas que, nacidas de nuevo de los miedos, frenan lo que podría ser el compromiso social: miedo a desinstalarse, a entregarse, a “perder”…

Cuando los miedos nos vencen, aparecen las defensas y nos habituamos a vivir “a la defensiva”. Y en esta actitud, tendemos a suprimir uno de ambos términos: el “compromiso social” o el “crecimiento personal”, sin caer en la cuenta de que la supresión de cualquiera de ellos es síntoma de una disociación o, más exactamente, de un modo de vivirse “a distancia” de sí mismo. Cuando, en realidad, ambas dimensiones constituyen una unidad, que caracteriza justamente a la persona que va avanzando en unificación.


5. Del narcisismo, por la autoestima, a la madurez del compromiso. La clave que detecta la trampa

El camino hacia la madurez será siempre un proceso inconcluso, un proceso de autoafirmación y donación a la vez, no para “alcanzar” algo añadido, un plus que nos perfeccione, sino para llegar a ser nosotros mismos. Si no se colara nuestro orgullo neurótico -con frecuencia, hábilmente disfrazado, buscando compensar y justificar sus necesidades pendientes-, podríamos percibir con descanso una verdad tan elemental como serena: toda nuestra tarea y nuestro único objetivo consiste en vivir lo que somos[4]. Conscientes de que “lo que somos” incluye también la unidad y la solidaridad.

Ese proceso nunca acabado puede ser nombrado de modos diferentes, como un camino que conduce: del narcisismo a la donación, de la voracidad a la ofrenda, del egocentrismo a la comunión, de la ignorancia a la lucidez, de la carencia a la plenitud, del individualismo a la trascendencia, del yo al tú, al él, al nosotros, a Dios… Ése es el camino de la madurez humana[5].

Ésa es, pues, la meta. Pero, ¿qué es la madurez? La expresión de Albert Camus, en La peste, no puede ser más acertada y hermosa: “La persona madura es la que sabe trabajar, amar y jugar”. También Freud había asociado “madurez” con capacidad de amar y de trabajar. Ahora bien, la concisión de la frase no debiera hacernos olvidar que esa capacidad requiere trabajar todo aquello -heridas y vacíos afectivos- que no nos deja estar disponibles, todo aquello pendiente que la está bloqueando. El amor humano es reactivo: la capacidad de amar se activa en la medida en que ha recibido respuesta ajustada la necesidad de ser amado. La no respuesta reiterada a esta necesidad hará que se transforme en una "losa" que bloquee o incluso aplaste, en mayor o menor medida, la propia capacidad de amar, que todo ser humano porta.

Eso significa que, en el presente, para caminar hacia la meta -madurez-, habremos de pasar por una estación intermedia, que nombramos como “autoestima”. Y aquí el equilibrio es delicado: si no pasamos por esa estación, corremos el riesgo de no lograr una madurez serena; pero si convertimos la estación en meta, quedaremos estancados en el narcisismo, incapaces de abrirnos a la alteridad.


ESTACIÓN DE PASO -------------- META

Autoestima -------------- hacia --- Madurez humana: Capacidad de amar y de trabajar por los otros

Trabajo psicológico --- hacia ---- Compromiso social

Pero si nos detenemos aquí...
Narcisismo -------------- versus ---- Alteridad

Aplicado expresamente al tema que nos ocupa: Si olvida la meta hacia la que tiende, el trabajo psicológico puede fomentar el narcisismo; pero, sin una sana autoestima, el compromiso social estará apoyado en cimientos inestables que podrán llegar a hacerlo contraproducente en sus efectos.

Necesitaremos un trabajo psicológico que, curando nuestras heridas y sacándonos de nuestros disfuncionamientos, nos permita llegar a una sana autoestima -a la aceptación y valoración humilde y amorosa de nosotros mismos-, como camino hacia la madurez que nos permita vivir lo que somos, en todas las dimensiones. Una afectividad más integrada y armoniosa repercutirá en nuestro compromiso afectivo y efectivo a favor de los demás. Y, a su vez, la vivencia esforzada -aunque serena y gozosa- de ese compromiso cotidiano acelerará y fortalecerá nuestro camino hacia la madurez.

Ésta es, pues, la clave del discernimiento. El trabajo psicológico, ¿me hace mejor persona?, ¿me hace crecer en capacidad de amar y de vivir para los otros?, ¿favorece que pase del “yo” al “tú” y al “ellos”?


6. El trabajo sobre sí mismo, condición de armonía y de eficacia social

Llegados a este punto, podemos ver con más claridad la mutua implicación entre “crecimiento personal” y “compromiso social”: no hay crecimiento personal que no desemboque en un compromiso social, a la vez que el compromiso social, para que sea constructivo y humano, requiere un trabajo sobre sí, que permita a la persona vivirse desde lo mejor de ella misma..., si no quiere introducir en ese compromiso sus propios “desórdenes” interiores.

Desde nuestra visión del ser humano, visión que es fruto de un acceso experiencial, lo que vengo diciendo resulta totalmente coherente. No hay riesgo de egocentrismo en el compromiso por llegar a ser uno mismo, puesto que ser uno mismo incluye vivir primariamente la dimensión comunitaria que nos constituye: ser yo es vivir en armonía con lo profundo de mí; y lo que está en armonía con quien soy en profundidad es el bien del otro: nunca puede ser bueno para la persona lo que destruye a los demás. El riesgo del egocentrismo aparece cuando me vivo desde las necesidades de mi sensibilidad o de mi cuerpo, sin tener en cuenta la fidelidad a lo profundo de mí.

Más aún, “la absolutización del olvido de sí y la centración exclusiva en los demás sin tener en cuenta el bien personal, pueden ser considerados como disfuncionamientos (huída de sí, búsqueda de valoración, fusión con el otro, compensación inconsciente de carencias, reparación suscitada por la culpabilidad, etc.). Estos comportamientos, con apariencias altruistas, cuando en realidad son egocéntricos, engendran dependencias psicológicas y culpabilidad en las relaciones interpersonales”[6].

Tras estas aclaraciones, podemos volver a la cuestión que da título a este apartado: ¿por qué el trabajo sobre sí mismo es condición de armonía y de eficacia social? Dicho de otro modo: ¿cuál es el objetivo de la formación personal?

El trabajo sobre sí mismo puede permitir que la persona vaya viviendo un ajuste cada vez mayor, de modo que pueda ser cada vez más la persona que es de fondo: conocerse en quien es en profundidad, dejarse impregnar de esos rasgos y actuar de acuerdo con ellos es lo que favorece que la persona pueda ser transformada desde dentro y crecer en solidez.

El trabajo sobre sí mismo hace posible que nuestra vida no sea dominada por los dinamismos inconscientes -que con tanta frecuencia descubrimos en el origen de acciones, comportamientos, reacciones...-, sino que podamos vivirnos cada vez más en coherencia con nuestro ser..., para no quedarnos estancados en los “buenos propósitos” y para que no se nos “cuele” lo que no queremos hacer.

El trabajo sobre sí mismo es la condición para que los hombres y las mujeres podamos ir poniéndonos en pie, sobre nuestra dignidad, y así ofrecer a la humanidad lo que cada cual portamos para ella, lo mejor de nosotros mismos.

Con otras palabras, el trabajo sobre sí mismo es lo que hace posible avanzar en lucidez, despliegue y limpieza de obstáculos.

Este es el objetivo de la formación personal: facilitar que la persona crezca de forma integral y unificada, siendo cada vez más sólida, armoniosa y eficaz, desplegando sus capacidades, fundamentalmente, su capacidad de donación; en una palabra, que sea ella misma en su riqueza y belleza original, vividas en solidaridad.


A modo de conclusión

Es evidente que el crecimiento personal -si es tal- tiene repercusiones sociales en una humanización progresiva de la sociedad.

Me gustaría terminar este texto con una cita extraída de la conclusión de la obra “La persona y su crecimiento”:

“Casi 30 años de observación nos han permitido establecer una relación estrecha entre el crecimiento de las personas y la humanización de la sociedad. Contrariamente a una creencia bastante extendida, la formación personal no arrastra riesgos de repliegue sobre sí mismo, de falta de compromiso, de individualismo, incluso de egocentrismo como, a veces, se ha pretendido. Ciertamente, este riesgo puede manifestarse en tal o cual etapa del crecimiento, pero sólo es un paso; el ′consejero′ atento sabe que, para sobrepasar ese riesgo, es preciso ir más lejos, profundizar en sí mismo, hasta llegar a las raíces sociales del ser. Efectivamente, es imposible llegar a ser plenamente uno mismo sin participar en el bien común y en el avance colectivo.

“... Son innumerables los testimonios que atestiguan que un trabajo sobre sí abre mucho más, compromete en la acción, atenúa las distancias, mejora las relaciones, hace ser más creativo y más eficaz... Impacta constatar que el movimiento de ′centración sobre sí mismo′ lleva a una apertura hacia algo que es ′más que uno mismo′. Sin duda porque más allá de las razas, culturas, religiones, se aborda entonces la ribera de lo que hay de más ′común′ y de más universal en todo hombre, la intuición de una verdadera y profunda fraternidad...

“Si esto es así, el crecimiento de las personas no es sólo un valor a reconocer entre otros; llega a ser ′el valor nº 1 de la sociedad humana′. Tomado verdaderamente en serio, y en una amplia escala, favorecería el que se pudiera franquear un umbral: el de una mayor personalización y de una mayor humanización de la sociedad”[7].

[1] Este artículo ha sido publicado en El Correo de PRH-ESPAÑA, nº 47, 2º Semestre – 2007, pp. 15-25.
[2] PRH INTERNACIONAL, La persona y su crecimiento. Fundamentos antropológicos y psicológicos de la formación PRH, Madrid, l997, p. 223.
[3] A. ROCHAIS, Nota de Observaciones: “Cómo facilitar el crecimiento de las personas”, p. 2.
[4] E. MARTÍNEZ LOZANO, Vivir lo que somos. Cuatro actitudes y un camino, Desclée de Brouwer, Bilbao 32007.
[5] J. MELLONI, Relaciones humanas y relaciones con Dios. El yo y el tú trascendidos, San Pablo, Madrid 2006.
[6] La persona y su crecimiento…, p. 122-123.
[7] La persona y su crecimiento…, pp. 278-280.
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